El tema tuvo un gran espacio en la última Argentina Oil & Gas, donde diversos expertos mencionaron los conceptos del friendshoring y el nearshoring, como ejes claves para diversificar el abastecimiento de productos estratégicos como la energía y así garantizar la seguridad de suministro de los grandes importadores.
El GNL se inserta a la perfección en esta lógica, no sólo por las perspectivas de duplicación de su demanda para el 2040, sino por cómo quedan afectados algunos competidores de la Argentina en esta escalada bélica como Rusia, Israel, Egipto y hasta incluso Qatar frente a la inestabilidad de las rutas marítimas por las que pasan sus buques.
Por ejemplo, este lunes, Chevron comunicó que tuvo que cerrar el yacimiento de gas natural de Tamar frente a la costa israelí que cubre el 70% de las necesidades del país para la generación eléctrica.
“Argentina tiene una posición geopolítica estratégica que le brinda ciertos beneficios en el mercado energético. Cuenta con recursos energéticos naturales significativos, tiene acceso a mercados internacionales a través de puertos y rutas de transporte que facilitan la exportación de energía y es miembro de organizaciones y acuerdos internacionales. Para poder aprovechar esto necesitamos lograr un gobierno sensato con capacidad de construir consensos para las reformas estructurales demoradas y pendientes”, subraya el economista experto en comercio exterior, Miguel Ponce.
Sobre este último punto se explayó todavía más el director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo que, en diálogo con +e, cuestionó duramente la política exterior del país. “Creo que la Argentina no tiene posición geopolítica, por lo menos hasta ahora. Ha querido no quedar mal con nadie y no ha asumido ninguna posición con nadie. Y eso ha hecho que pierda oportunidades. La participación geopolítica supone compromisos. Yo tengo beneficios, pero a cambio aporto algo. Argentina nunca quiere asumir ningún costo. No es que tenemos una política exterior mala, ni siquiera tenemos política exterior”, dice.
“En materia energética no necesitamos mercados que nos compren, necesitamos inversiones. Pero a los posibles inversores, como Europa, les rechazamos acuerdos de libre comercio, hemos afectado todos sus derechos contractuales, no los dejamos importar, no los dejamos girar utilidades a sus casas matrices. Con este entorno regulatorio y macroeconómico no va a venir nadie a invertir aunque necesiten esa energía”, agrega.