Opinión

En Rojo. Del precio sostén sin acuerdo a las pymes en nocaut

El precio sostén del crudo será el ibuprofeno en lugar de la cirugía mayor. Pero llevará fondos a las provincias en una crisis casi sin registros.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

El precio sostén, finalmente, llegará a través de un decreto de necesidad y urgencia. La denominación le viene como anillo al dedo al escenario que atraviesa a las provincias productoras: es necesario y apremiante que tengan fondos frescos para paliar un contexto con pocos precedentes en Neuquén en los últimos años. La década del 90, con el barril a 9 dólares, puede traer algo así como una muestra de un impacto similar. El gobierno de Felipe Sapag tuvo que recurrir entonces a quitar la “zona” , ese complemento salarial que se incluye en los sueldos públicos.

Hoy la crisis es diferente. Bastaron solo dos meses de parate en la producción y un freno económico inusitado para que la provincia que tiene el 60 por ciento de su territorio sobre Vaca Muerta anticipara pérdidas por 8500 millones de pesos. Los datos, por momentos, son escalofriantes: 25.000 trabajadores en sus casas y 4.000 pymes pidiendo ayuda económica. Un acuerdo sindical que dio un marco para los salarios, que escasamente pueden cumplir centenares de pymes. Pasó en casi nada. Lo dicho tantas veces: la velocidad de relámpago para lo bueno y lo malo en Vaca Muerta. En junio pasado, el precoloquio de IDEA convocaba al empresariado que representaba el 55% del PBI del país a hacer pie en el shale para tener una plataforma inédita de crecimiento. Todo cambió desde agosto, con una serie de medidas que se extendieron con su reguero de incertidumbres e indefiniciones. Como siempre, el mundo no tiene por qué esperar a la Argentina. Y ahí está el COVID-19 sumando su cuota de estrago donde había una potencialidad de daño ya prefigurada por las condiciones internas.

En ese contexto, el precio sostén, claro, es el ibuprofeno en lugar de la cirugía mayor. Pero la situación es tan complicada que cada migaja que entre en las provincias productoras por regalías contará para poder atender las demandas más urgentes.

En el medio, esa suerte de recurrencia al “sálvese quien pueda”.

El caso de Electrificadora del Valle SA es una muestra de endeblez e irresponsabilidad al mismo tiempo, y debiera ser una gran alarma en un país en el que, por momentos, la falta de memoria permite, entre otras variables, la recurrencia una y otra vez en el mismo error.

La firma dejó “colgadas” a 522 razones sociales con una deuda de al menos 500 millones de pesos. Puso en modo colapso a decenas de pequeñas empresas que, incluso, tomaron deuda para poder cumplir con los contratos.

Hubo un momento, hace menos de un año, casi nada, en el que nadie quería seguir perdiéndose tajada de lo que venía del shale. Transportistas, constructores, pequeños empresarios de servicios salieron a tomar deuda para poder seguir teniendo su cuota de la fiebre de los no convencionales que hasta ese momento, claro, crecían. De a poco, las demoras en los pagos, que llegaban a cinco meses, comenzaron a mostrar una imagen del peligro que siempre había estado latente. Es lo que se replicó en buena medida en la cadena de valor hacia abajo de las grandes productoras.

Cuando el mundo cambia, y todo parece cambiar cada vez más rápido, lo bueno y lo malo suele replicarse en todos los eslabones productivos. La actual crisis, al margen de la falta de escrúpulos de un puñado de empresas, también desnuda una situación estructural que hoy muestra al grueso de la industria sin red de contención.

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