La agenda se concentra en dos jornadas. El jueves 13, la delegación recorre terminales portuarias de la región de Antofagasta, con especial atención en Mejillones, uno de los principales polos de exportación de cobre y litio de Chile. Ese mismo día, Pullaro se reúne con Richard Von Appen, presidente de Ultramar, el holding chileno que controla la Terminal Puerto Rosario (TPR). El viernes 14, la comitiva viaja a Valparaíso para visitar la Terminal Pacífico Sur y analizar su modelo de gestión portuaria.
El encuentro con Ultramar se da en medio de un proceso de acercamiento entre el Gobierno provincial y TPR, luego de tensiones previas por incumplimientos de inversiones en los muelles de Rosario.
El gobernador Maximiliano Pullaro encabeza la comitiva santafesina rumbo a Chile.
Rosario apunta al litio y el cobre
La misión busca insertar a Rosario en la cadena logística de proyectos mineros ubicados en San Luis y Salta, ofreciendo la vía fluvial santafesina como alternativa a la salida por Buenos Aires. En el Gobierno provincial resumen así la propuesta: "Es más cómodo, más rápido y más barato que salir por Buenos Aires", según trascendió.
La vocera del Gobierno, Virginia Coudannes, definió el viaje como "una agenda de trabajo vinculada a la logística y a los puertos". El movimiento se enmarca en una estrategia previa de Santa Fe hacia el sector: mesas de trabajo sobre minería y gas, visitas a Vaca Muerta y presencia en Expominera, donde en mayo la provincia llevó una delegación de 60 empresas.
El trasfondo
El viaje de Pullaro ocurre en un escenario donde el Corredor Bioceánico de Capricornio —que conecta territorios de Argentina, Chile, Brasil y Paraguay entre el Atlántico y el Pacífico— ya funciona como vía de salida para la producción minera del NOA.
Empresas de Salta, Jujuy y Catamarca desvían sus cargamentos de litio, cobre y concentrados hacia Chile para evitar demoras y sobrecostos de la logística centralizada en Buenos Aires. Según un análisis del sector, la falta de avances del lado argentino en el Paso de Sico influyó en esa decisión empresaria, y el diagnóstico resulta contundente: "Chile no captura el corredor por ventaja geológica. Lo captura por velocidad de ejecución".
Uno de los movimientos más citados como antecedente es el de Eramine, que en marzo de 2026 protagonizó un hito logístico: la empresa descargó 100 big bags de carbonato de litio, los consolidó en contenedores en Cocel, el primer depósito fiscal de Salta, y cruzó la cordillera por el Paso de Jama, a 4.200 metros de altura, hasta el puerto chileno de Angamos, desde donde la carga partió rumbo a China. Ese mismo mes, el puerto de Iquique descargó más de 10.000 toneladas de soda ash con destino a Fiambalá, Catamarca, insumo clave para proyectos como Tres Quebradas.
Paso de Jama, a 4.200 metros de altura, fue clave para las exportaciones de Eramine.
Chile no se queda quieto
Mientras Rosario busca sumarse a la carrera minera, Chile profundiza su propia ofensiva de integración regional para competir frente al puerto peruano de Chancay. Un ejemplo: la provincia de Salta obtuvo un financiamiento de US$100 millones del Banco Interamericano de Desarrollo para pavimentar 91 km de la Ruta Nacional 51, parte del corredor Capricornio y vía clave para proyectos de litio, oro y cobre.
Del lado chileno, la región del Biobío impulsa una inversión de US$22 millones para construir el complejo fronterizo Pichachén con Neuquén, y promueve un corredor bioceánico ferroviario que conecte la zona franca de Zapala con puertos chilenos, en sintonía con el crecimiento de Vaca Muerta. El gobernador de Antofagasta, Ricardo Díaz, resumió la apuesta chilena: "el corredor bioceánico es una gran iniciativa que nos permite desarrollar las regiones".
En ese tablero, el viaje de Pullaro busca marcar posición para que Rosario no quede afuera de un negocio que, mientras la política discute infraestructura, ya eligió mayoritariamente el Pacífico como puerta de salida.
El puerto de Mejillones, uno de los polos mundiales de exportación de cobre y litio.
Cifras que explican la corrida hacia el Pacífico
Los números del negocio minero argentino son elocuentes. Las exportaciones mineras del país podrían alcanzar los US$9.000 millones en 2026, según proyecciones de S&P y COCHILCO. Las mismas fuentes estiman que Argentina podría convertirse en el segundo mayor productor de litio del mundo en la próxima década: el país concentra el 20% de los recursos mundiales y opera con costos por debajo de los US$10.000 por tonelada. El secretario de Minería, Luis Lucero, proyectó una capacidad instalada de 650.000 toneladas anuales de LCE hacia 2035.
Ese volumen tiene un destino mayoritariamente asiático: más del 85% de la producción regional de litio termina en la Cuenca del Pacífico (China, Japón y Corea del Sur). Durante el primer trimestre de 2026, los envíos a China crecieron 147%, y las exportaciones a India aumentaron 913%. Los promotores del corredor bioceánico sostienen que la salida por el Pacífico permite reducir entre 12 y 20 días de navegación hacia Asia, al evitar el paso por el Canal de Panamá.