El fenómeno no parte de cero. Según la Asociación Mundial de Gas Líquido, Rusia ya utilizaba unos 3,5 millones de toneladas métricas de GLP como combustible para automóviles en 2024, lo que la convertía en líder mundial en este uso. De acuerdo con datos oficiales rusos, el combustible vehicular representó el 54% del consumo de GLP del país el año pasado, mientras que algo más de un tercio se destinó como materia prima a la industria petroquímica. El butano y el propano, subproductos del procesamiento de gas natural y del refinado de crudo, generan además menos emisiones que la gasolina convencional.
"Tenemos lista de espera hasta septiembre", afirman de las empresa de GLP.
Reuters
El ataque más profundo: la refinería de Omsk, en llamas
El trasfondo de esta corrida hacia el GLP es una ofensiva ucraniana que no cede. El 6 de julio, drones ucranianos alcanzaron la refinería de Omsk, la más grande de Rusia, propiedad de Gazprom Neft y ubicada a unos 2.700 kilómetros del territorio bajo control de Kiev, cerca de la frontera con Kazajistán. El Estado Mayor ucraniano calificó la operación como una de las misiones de mayor alcance desde el inicio de la guerra, y confirmó que el ataque provocó un incendio en la planta.
El gobernador de la región, Vitaly Khotsenko, reconoció en Telegram que varios drones habían llegado al "centro industrial del norte de Omsk", aunque evitó precisar el objetivo exacto, y señaló que los servicios de emergencia trabajaban para evaluar el alcance total del daño. Según fuentes del sector consultadas por Reuters, la planta procesó unos 23 millones de toneladas el año pasado, equivalentes a 460.000 barriles de petróleo por día.
El ataque no fue aislado: la misma noche, fuerzas ucranianas golpearon los puertos de Ust-Luga y Vysotsk, que gestionan exportaciones petroleras en el mar Báltico, además de objetivos en las regiones de Kaluga y Yaroslavl. En Crimea, una mujer murió en un ataque contra el puerto de Kerch y la ciudad de Sebastopol sufrió un apagón, según las autoridades instaladas por Rusia en la península.
La refinería de Omsk, la más grande de Rusia, blanco del ataque más profundo hasta la fecha.
REUTERS/Alexey Malgavko.
Cosacos, colas de 36 horas y críticas internas
La tensión social también se refleja en el territorio ruso. En Anapa, un balneario de la región de Krasnodar, la administración municipal recurrió a cosacos para ordenar las colas en las gasolineras y evitar que los conductores llenen bidones. Según el funcionario Arsen Melkumyan, la medida redujo los tiempos de espera de hasta cuatro horas a entre 30 y 40 minutos, con un límite de 20 litros por vehículo que, según la vecina Aleksandra Nesterenko, alcanza para aproximadamente una semana.
En la región de Zabaikalsky, el diputado comunista Vyacheslav Markhayev denunció colas de 36 horas para conseguir apenas 15 litros de gasolina, y cuestionó en redes sociales: "No se trata solo de interrupciones en el suministro, sino de un fracaso de la gestión estatal". El propio Vladimir Putin reconoció el 28 de junio que los problemas de suministro habían generado escasez en algunas regiones, y afirmó que un grupo de trabajo se ocupaba de garantizar el abastecimiento en todo el país.
La refinería NORSI, la cuarta más grande de Rusia y segunda productora de gasolina, suspendió su procesamiento tras un nuevo ataque con drones, según indicaron fuentes del sector a Reuters. La situación obligó al tercer mayor productor de petróleo del mundo a importar gasolina desde lugares tan lejanos como India, mientras las refinerías siguen en la mira de la ofensiva ucraniana.
FUENTE: Reuters