De concretarse, estas serían las primeras negociaciones de libre comercio del gobierno de Takaichi, que asumió en octubre de 2025 con una agenda centrada en reactivar la economía japonesa.
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Sanae Takaichi, primera ministra de Japón, habla durante una reunión en la oficina de la primera ministra en Tokio, Japón.
Kiyoshi Ota/Pool vía REUTERS
Las razones detrás de la urgencia japonesa
Tokio tiene motivaciones concretas y urgentes. Japón importa alrededor del 90% de su petróleo crudo desde Oriente Medio, y el cierre del estratégico estrecho de Ormuz —producto del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán— provocó interrupciones severas en el suministro que forzaron a las autoridades a liberar millones de barriles de sus reservas estratégicas. A eso se suma la presión de los aranceles del presidente Donald Trump y las restricciones de China sobre la exportación de tierras raras, materiales críticos para la industria automotriz y la fabricación de instrumentos de precisión.
Según el diario Nikkei, el acuerdo con el Mercosur se orientaría a reducir aranceles sobre automóviles y a diversificar las fuentes de abastecimiento de petróleo y minerales críticos. Los sectores empresariales japoneses llevan tiempo presionando al gobierno para avanzar en esta dirección precisamente por la importancia estratégica de las tierras raras.
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Tokio acelera su diplomacia: el Mercosur es su nueva apuesta ante el bloqueo del estrecho de Ormuz.
REUTERS/Stringer
El Mercosur mira hacia Asia ante el impasse europeo
Del lado sudamericano, el interés tampoco es nuevo. En la cumbre del Mercosur celebrada en Buenos Aires, Lula señaló que el bloque debe fortalecer sus vínculos con naciones asiáticas como Japón, China, Corea del Sur, India, Vietnam e Indonesia. La apertura hacia Tokio se inscribe en una estrategia más amplia de diversificación, tras décadas de negociaciones estancadas con la Unión Europea: el acuerdo Mercosur–UE, firmado en 2019, aún no fue ratificado por resistencias ambientales y políticas dentro del bloque europeo.
En ese contexto, Gran Bretaña, Canadá y Japón —los tres países del G7 interesados en un acuerdo con el bloque— se posicionan como alternativas reales. El Mercosur agrupa a seis estados plenos (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) y siete estados asociados (Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Panamá, Perú y Surinam), lo que lo convierte en uno de los mercados regionales más extensos del hemisferio sur.
El avance entre Japón y el Mercosur refleja una reconfiguración más profunda del comercio internacional. En un contexto donde las cadenas de suministro se fragmentan, los aranceles escalan y las alianzas comerciales tradicionales se tensan, ambos bloques encuentran en este acuerdo una respuesta pragmática a sus vulnerabilidades. Para Japón, significa reducir su dependencia de China y Oriente Medio. Para el Mercosur, abre una puerta a mercados de alto valor en Asia que el acuerdo con Europa no ha podido garantizar en más de veinte años de negociaciones.
FUENTE: Reuters