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Subsidios en la mira: el FMI, audiencias y política

La mayor parte se la lleva el sector eléctrico, a través de Cammesa, seguido del gas natural. El Gobierno convocó a audiencias públicas.

De mantenerse las tendencias actuales de los precios de la energía en el mercado internacional, el nivel de subsidios a la energía durante el presente año sería récord y superaría los 16.000 millones de dólares. Así lo indica un informe de la consultora Economía & Energía, al que accedió +e, y que detalla que es muy probable que este año se supere el valor alcanzado en 2015 (15.753 millones de dólares).

Según la proyección, en 2022 se alcanzarían los 16.756 millones de dólares. La mayor porción de la llevaría el sector eléctrico, a través de Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA), con 10.619 millones de dólares, seguido de los subsidios al gas natural, con 5537 millones.

Mientras que en términos de su incidencia en el producto bruto interno, también registraría un récord, superando los 2,8 puntos del PIB que alcanzaron los subsidios a la energía en el 2014. Este es el escenario previo a las audiencias públicas por las tarifas que se concretarán en mayo.

La consultora dirigida por Nicolás Arceo calculó la incidencia de los subsidios en el PIB en base al escenario macroeconómico considerado en el acuerdo con el FMI, “según el cual se verificaría un sustancial incremento del PIB evaluado en dólares durante el 2022”. Sin embargo, Economía & Energía advierte que si el PIB en dólares se mantiene estable respecto de los valores registrados en 2021, la incidencia de los subsidios a la energía alcanzaría los 3,4 puntos sobre el producto.

Por otro parte, indica que se requerirían modificaciones sustantivas en el nivel de tarifas para alcanzar una disminución apreciable en el nivel de subsidios.

En los últimos tres años, la tarifa eléctrica del AMBA prácticamente no tuvo aumentos, desde el congelamiento a principios de 2019, en un contexto de una economía con una inflación promedio anual del 47%. Este año el gobierno autorizó una suba del 20%. La consecuencia del congelamiento fue una disparada de los subsidios energéticos, que alcanzaron los u$s 11.000 millones en 2021 (el 2,3% del PBI). Es decir que crecieron un 77% con relación a 2020 y 131% respecto de 2019.

Entre las condicionalidades del acuerdo con el FMI, está el compromiso de reducir esas subvenciones. El gobierno debe llamar a audiencias públicas para analizar el esquema tarifario para la electricidad y el gas en el bienio 2022/2023, y avanzar con la segmentación de usuarios según su poder adquisitivo.

La idea es que la recomposición no supere el nivel de suba de los salarios, según se anunció oficialmente, mientras que la segmentación se haría en tres niveles:

  • Habrá usuarios a los que se les quitarán los subsidios en función de su plena capacidad de pago;
  • Los beneficiarios de la tarifa social tendrían un incremento total en su factura para cada año calendario será equivalente al 40% del Coeficiente de Variación Salarial (CVS) del año anterior,
  • Para el resto de los usuarios el incremento total en la factura para cada año calendario será equivalente al 80% del CVS correspondiente al año anterior.

Mientras que los grandes usuarios de las distribuidoras (GUDI) pagarán la tarifa plena.

Diversos analistas coinciden en que la nueva suba y quita de subsidios a los sectores de la población de mayores ingresos no alcanzaría para reducir significativamente los subsidios este año y amenaza con echar más leña al fuego inflacionario.

Las condiciones del mercado internacional impactarán este año de manera contundente en la masa de subsidios energéticos, debido a las importaciones de gas y combustibles líquidos que necesita la Argentina para cubrir sus necesidades domésticas. La alta volatilidad de los precios acusada por la guerra entre Rusia y Ucrania complica las metas fiscales que el gobierno comprometió con el FMI.

Entre las importaciones, el caso más preocupante es el del gas natural licuado (GNL). En 2021, Argentina importó 56 cargamentos a un precio promedio de u$s 8,33 el millón de BTU (MBTU), que demandaron u$s 1100 millones. Este año, los precios se quintuplicaron, con lo cual los barcos metaneros que se necesitan para cubrir el pico de la demanda invernal demandarán unos u$s 5 mil millones.

Un alivio al frente externo es el reciente acuerdo con Bolivia, que enviará al menos 14 millones de m3 diarios de gas, el mismo volumen que el invierno pasado.

Además, existe la posibilidad de que el país vecino incremente los niveles de inyección, lo cual incidiría en los fondos que se deberán gastar en importaciones. Economía & Energía estima que por cada millón de m3 adicional de inyección de Bolivia –a 18 dólares el millón de BTU (MMBTU)- en el período invernal se ahorran aproximadamente 296 millones de dólares en compras de GNL.

“El aumento en las cantidades y en los precios de importación determinarán seguramente un incremento sustantivo en el valor de las importaciones energéticas durante 2022, en línea con los máximos históricos registrados entre los años 2013 y 2014”, indicó la consultora.

Aunque señala que en 2022 el volumen de exportaciones será mayor, producto del aumento en las ventas externas de crudo, sobre todo de Vaca Muerta, lo cual permitirá compensar parcialmente el déficit comercial del sector.

Otra buena noticia, según programación semestral que publicó Cammesa, es la posibilidad de que haya una leve recuperación de la oferta hídrica en el invierno de 2022 respecto del año pasado, aunque se encontraría aún por debajo del nivel de 2020.

Además, el elevado precio del GNL determinó una modificación de la programación y la previsión de una mayor utilización de combustibles alternativos en la generación térmica.

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