La cooperación transfronteriza se alinea con la estrategia de Mendoza de consolidar una política enfocada en la expansión de la generación limpia. El compromiso asumido por las autoridades incluye un seguimiento cercano de los avances técnicos y el mantenimiento de un contacto directo con todas las provincias argentinas que se verán favorecidas por estas obras de infraestructura.
Para la provincia de Mendoza, este vínculo con Chile representa una oportunidad para modernizar su infraestructura eléctrica bajo una visión de desarrollo regional integral, garantizando un suministro confiable para el crecimiento económico de ambos lados de la cordillera.
El potencial del corredor eléctrico
Más allá de sus 338 kilómetros de extensión entre la Región del Maule y San Rafael, el proyecto Los Cóndores–Río Diamante aspira a convertirse en la primera pieza de un corredor energético de escala bioceánica. Su diseño no se limita a una interconexión binaria entre Chile y Mendoza: contempla un empalme directo con la futura línea Río Diamante–Charlone, una obra de 500 kV y unos 487 kilómetros que uniría el sur mendocino con el noroeste de la provincia de Buenos Aires, sumando además más de 400 kilómetros de tendidos complementarios de 132 kV.
De concretarse ese enganche, el sistema permitiría transportar electricidad generada en la costa del Pacífico chileno hasta el corazón productivo bonaerense, atravesando toda la cordillera mendocina. Para Mendoza, esto convertiría a la Estación Transformadora Río Diamante —y a San Rafael— en un nodo estratégico del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), con capacidad de operar tanto importación como exportación de energía según las necesidades de cada sistema. Autoridades de ambos países remarcaron que el proyecto se apoya en la geografía compartida entre Chile y Argentina y en una visión de integración energética regional de largo plazo.
Sin embargo, ese potencial choca con un obstáculo político concreto: el Consejo Regional del Maule rechazó de forma unánime la iniciativa a comienzos de julio, citando impactos sobre el territorio del Alto Maule y su incompatibilidad con el futuro Geoparque UNESCO de la zona, lo que introduce una incertidumbre significativa sobre los plazos y la viabilidad final de la traza del lado chileno.