El especialista recordó que, desde el 2 de abril, fecha que vinculó con el “liberation day” en Estados Unidos y la aplicación de nuevos derechos de importación, el precio del petróleo ha venido descendiendo, afectando directamente la rentabilidad.
Según el consultor, mientras los costos operativos en Argentina aumentaron entre 50% y 60% desde noviembre de 2023 (medidos al tipo de cambio vigente), los precios internacionales del crudo cayeron entre 25% y 30% en el mismo período. Esa combinación, dijo, reduce los fondos disponibles para reinvertir, aunque la actividad siga siendo rentable.
Una competencia feroz
Gerold subrayó que el financiamiento no solo es un tema local, sino que influye en la capacidad de competir en mercados internacionales. “Cuando hablamos de exportar petróleo, gas natural o GNL, competimos con países que tienen tasas de interés mucho más bajas que las nuestras”, destacó.
Explicó que, aunque parte de las inversiones requieren dólares, la mayor parte necesita pesos para perforar pozos o construir infraestructura como oleoductos y gasoductos. En ese sentido, cuestionó que haya enormes volúmenes de dinero circulando en instrumentos financieros de corto plazo, como las LeCAP, sin canalizarse hacia proyectos de largo plazo.
“Si hay 120 billones de pesos, unos 95 mil millones de dólares equivalentes, dando vueltas a 30 días, el desafío es que eso vaya a inversión productiva a largo plazo. No en pesos, sino dólar-linked más una tasa razonable”, propuso. También puso como ejemplo el sistema estadounidense, donde existen incentivos fiscales para quienes invierten en infraestructura energética, reduciendo significativamente la carga tributaria.
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Los desafíos para Vaca Muerta
En su análisis, Gerold remarcó que el shale es un negocio que exige reinversión constante hasta alcanzar una meseta de producción definida por cada empresa y yacimiento. Cuando el precio del barril baja, las compañías disponen de menos fondos, pero necesitan invertir más para sostener el ritmo de crecimiento.
Esta situación ya se refleja en el terreno. “En Vaca Muerta la actividad está bajando y va a caer un poco más. En las cuencas convencionales, como el Golfo San Jorge, la crisis es mucho más severa: la actividad cayó un 70% en cantidad de equipos”, advirtió.
El consultor no ve como preocupante que algunas empresas se retiren, ya que suele responder a decisiones estratégicas globales, pero sí le preocupa que no lleguen nuevos jugadores. Para revertir esto, considera fundamental agilizar aprobaciones, generar un clima favorable y abrir más oportunidades de inversión. “Los que están no pueden sostener todo el desarrollo por sí solos”, advirtió.
Gerold ilustró el contexto con cifras: en 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, el Brent llegó a 110 dólares y la producción de Vaca Muerta creció. En 2023, el promedio anual bajó a 80 dólares y, antes del “liberation day”, se movía entre 75 y 80 dólares. Actualmente, dijo, se pelea por mantener un piso de 65 dólares, descontando dos dólares por derechos de exportación y un 8% de retenciones nominales, lo que reduce el ingreso efectivo.
Incertidumbre para el inversor
Consultado sobre por qué el sector petrolero paga retenciones y la minería no, Gerold señaló que en el Código de Minería y la legislación de los años 90 nunca se incluyó ese tributo, mientras que en hidrocarburos sí se impuso en gobiernos anteriores y se mantiene. “Desde un punto de vista técnico, no debería haber diferencias entre actividades tan similares. Tampoco debiera haberlo en el agro u otros sectores”, afirmó.
Respecto al clima político, Gerold consideró que Vaca Muerta tiene consenso social y respaldo transversal en la dirigencia política, pero advirtió que la confrontación permanente no ayuda a generar confianza externa. “Un inversor en Houston, Nueva York, Londres o París se pregunta qué pasa si este gobierno no gana. Esa es una duda que existe”, dijo.