Esa posibilidad quedó reforzada semanas atrás, cuando el gobierno modificó por decreto la reglamentación de la reforma laboral y excluyó un tope que hasta entonces condicionaba este tipo de convenios, despejando el camino para acuerdos de productividad como el firmado ahora en la cuenca neuquina.
Los ejes del acuerdo
Las partes establecieron un esquema de incentivos asociado al cumplimiento de objetivos operativos previamente definidos, medibles y verificables, con el propósito de promover mejoras en la productividad, la eficiencia operativa, la capacitación, el desempeño y la seguridad de los trabajadores.
También se conformó una Comisión de Seguimiento, integrada por representantes tanto del sindicato como de las cámaras empresarias, encargada de monitorear la implementación del programa y evaluar su evolución, además de impulsar acciones de capacitación y desarrollo de recursos humanos para fortalecer las capacidades del sector.
Según la perspectiva del gobierno de Javier Milei, el acuerdo es un paso concreto hacia la consolidación de un modelo de relaciones laborales orientado a promover la productividad, la competitividad, la capacitación y el empleo formal a través del diálogo entre trabajadores y empleadores.
El caso se suma así a otros acuerdos sectoriales impulsados bajo el nuevo esquema normativo, en momentos en que la administración nacional apuesta a este tipo de convenios de productividad negociados de forma directa como uno de los pilares de la reforma laboral, con Vaca Muerta como uno de los escenarios de mayor peso económico para su aplicación.
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