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El terroir de roca y acero: El renacer de El Trapial y la cruzada exportadora de Chevron en Vaca Muerta

Crónica del viaje al yacimiento en el que la multinacional norteamericana invertirá 13.800 millones de dólares para recuperar el esplendor de uno de los enclaves petroleros históricos de Neuquén.

La inmensidad de la estepa neuquina atrapa apenas el chárter de JetSmart pierde altura y el tren de aterrizaje besa la pista, una traza de hormigón en medio de la inmensidad de tierra estéril, donde solo la jarilla y el coirón tienen el coraje de clavar sus raíces.

Llegar a El Trapial, a unos 280 kilómetros al norte de la capital provincial y en cercanías a Rincón de los Sauces, exige adentrarse en un paisaje rudo, donde el viento patagónico moldea los arbustos y el polvo se cuela en cada rincón, y Chevron, la operadora, planea invertir la friolera de 13.800 millones de dólares para recuperar el brillo del que fuera el segundo yacimiento productor de petróleo de la Argentina.

La logística para sostener este enclave requiere de tres vuelos semanales que alimentan el recambio de una microciudad, donde los trabajadores operan bajo un régimen de diagramas de 7días de trabajo por 7 de descanso o 14x14, con comodidades como vivienda, comedor, canchas de fútbol y de paddle y gimnasio, un oasis frente a la hostilidad del clima.

Desde el aire, el contraste visual narra la historia viva del petróleo argentino. Por un lado, las viejas cigüeñas de bombeo mecánico, herederas de los años 90, asienten rítmicamente en soledad frente a un horizonte de mesetas irregulares y rojizas. Por el otro, el presente y futuro: imponentes locaciones de perforación y modernas baterías de tanques blancos que resplandecen bajo un cielo cargado de nubes grises, un entramado industrial que procesa el pulso de la roca madre que convirtió a Neuquén en una prolífica cuenca petrolera. Tras 13 años de hermetismo, la segunda petrolera privada de Estados Unidos abrió las puertas de este bloque de 445 km2 —más de dos veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires— para mostrar cómo reescribe la historia de un gigante.

La cancha de fútbol en el campamento de El Trapial. (Créditos: Chevron USA. Fotográfo: Chris Dirker)

“Chevron es pionero en Vaca Muerta. Hace más de una década que apostamos por este recurso y hoy El Trapial está viviendo una transformación muy importante. Ya alcanzamos alrededor de 40.000 barriles equivalentes por día, es un gran progreso y seguimos construyendo las instalaciones que van a soportar ese crecimiento a largo plazo”, señala Ana Simonato, country manager de Chevron en Argentina, en un mensaje grabado de bienvenida a la prensa neuquina y de Buenos Aires que participa de la visita.

El Trapial recibe vuelos tres días a la semana. (Créditos: Chevron USA. Fotográfo: Chris Dirker)

Las cepas de Vaca Muerta

"Cuando uno encuentra un reservorio convencional tiene un volumen, ese volumen es finito", explica Juan Pablo Romanato, el experimentado gerente de operaciones de la compañía, mientras relata cómo El Trapial pasó de producir casi 70.000 barriles diarios de las formaciones convencionales a enfrentar un declino inexorable. La salvación, como en toda la cuenca, estaba más abajo.

La exploración profunda reveló una Vaca Muerta generosa de 350 metros de espesor de roca madre de excelente calidad. Sin embargo, navegar ese subsuelo requiere precisión quirúrgica. Fue aquí donde la geología se cruzó con la enología. Para mapear y domesticar la formación, los técnicos de Chevron la subdividieron y bautizaron sus franjas con nombres de cepas de vino. De abajo hacia arriba, las trépanos atraviesan el Tannat (la más profunda y "fuerte"), el Cabernet, el Malbec, y finalmente el Bonarda y su preámbulo. Hoy, los pozos navegan estas capas buscando el punto dulce de productividad, entendiendo que el comportamiento de los fluidos —la relación entre gas y petróleo— varía sutilmente en cada "cepa".

Pad de 4 pozos en producción en Vaca Muerta. (Créditos: Chevron USA. Fotográfo: Chris Dirker)

47 pozos en Vaca Muerta

El desarrollo del bloque comenzó en agosto de 2022. Hoy, el área produce 40.000 barriles equivalentes por día (boe/d), compuestos en un 70% por petróleo y un 30% por gas. Para alcanzar ese volumen, Chevron diseñó pads de cuatro pozos horizontales. La matemática pura diría que 12 pads equivalen a 48 pozos, pero en Vaca Muerta la roca siempre tiene la última palabra. Hay 47 pozos activos, uno de ellos quedó como un recordatorio del poder del subsuelo; la herramienta de perforación quedó atrapada por presión diferencial a miles de metros de profundidad y el pozo debió ser abandonado.

A ras de suelo, en la locación 215, el Rig 447 de HP recorta el cielo azul patagónico. El top drive desenrosca los tubos de perforación que se elevan hasta la plataforma superior del equipo de perforación. Están a punto de iniciar la etapa final de aislación del tercer pozo, en plena retirada del trépano que devoró 7 mil metros de subsuelo para luego entubar la cañería de 5 pulgadas y media.

Los desafíos aquí son mayúsculos en comparación con la zona de Añelo. Los trépanos deben perforar ramas laterales de hasta 3.500 metros, para alcanzar desarrollos totales de pozos de 7.000 metros en tan solo 23 días. Para contener presiones que rozan las 10.000 libras, inyectan un lodo pesadísimo de 17 libras por galón. No es un lecho de rosas: deben atravesar formaciones inestables que desprenden bloques de roca, capas de sal traicioneras y una caliza tan dura que el avance se reduce a escasos metros por hora y amenaza con calcinar la electrónica de las herramientas de navegación direccional.

Equipo de perforación en El Trapial. (Créditos: Chevron USA. Fotográfo: Chris Dirker)

Luego, llegará la completación. Una fractura cada 65 metros a lo largo del pozo generada por la inyección de agua extraída de pozos someros autorizados y arena para sostener las microfisuras por las cuales el hidrocarburo buscará salir hacia la superficie. Mantener este ritmo exige una maquinaria financiera aceitada. Se estima una inversión cercana a los 180 millones de dólares anuales solo para perforar la docena de pozos que se esperan conectar cada año en el área.

El RIGI y el horizonte exportador

El petróleo de El Trapial tiene destino de exportación a través de las redes de Oldelval hacia el Atlántico, mientras que el gas (unos 2,3 millones de metros cúbicos diarios) ya viaja por un gasoducto que Chevron construyó para conectarse con el Gasoducto Vaca Muerta Norte de TGS en el yacimiento Los Toldos, para llevar la producción hasta Tratayén. Por esa vía Chevron tiene capacidad para evacuar hasta 9 millones de m3 diarios.

La meta dictada desde la casa matriz es triplicar la producción argentina de la compañía para 2035. La llave para destrabar ese futuro se llama RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones). Chevron ya presentó la solicitud en junio para conformar un Vehículo de Proyecto Único (VPU) dedicado 100% a la operación de El Trapial, con miras netamente exportadoras, con una inversión global de 13.800 millones de dólares. Además, ya consiguieron la extensión de la concesión hasta 2057 para dos tercios del bloque y negocian con la Provincia de Neuquén asegurar el tercio restante, que se denominará Trapial Oeste/Curamched.

Planta de separación de hidrocarburos (Créditos: Chevron USA. Fotográfo: Chris Dirker).

La estrategia de inversión de Chevron en Argentina se subordina a la vigencia de reglas de juego estables y previsibles a largo plazo, independientemente de los ciclos políticos. Para sostener desembolso intensivo de capital que exige el shale, la compañía norteamericana demanda condiciones macroeconómicas y regulatorias claras, apoyadas fundamentalmente en el libre mercado, la garantía para exportar crudo y el respeto por los precios internacionales de los commodities.

Con presencia ininterrumpida en el país desde 1999, la multinacional equipara el escenario actual con su apuesta pionera por Vaca Muerta en 2013, impulsada en aquel momento por el marco del Decreto 929, un traje hecho a medida para el acuerdo con YPF, que permitió desarrollar Loma Campana, la piedra angular que engendró la era de Vaca Muerta. Ahora, Chevron posiciona al RIGI como un factor de peso decisivo en su toma de decisiones, ya que este esquema blinda las condiciones regulatorias por tres décadas, además de brindar ventajas impositivas que, aseguran, genera condiciones de competitividad en el portfolio global de la compañía.

Cae la tarde y el viento levanta remolinos de polvo rojizo entre las picadas. Las viejas cigüeñas cabecean en silencio, testigos de la agonía del petroleo convencional, mientras a pocos kilómetros de allí, el rugido de los motores diésel del Rig 447 marca el nuevo latido de la cuenca. En las profundidades del Tannat y el Bonarda, El Trapial volvió a despertar, y demuestra que en Vaca Muerta, la mejor cosecha siempre está por venir.