Su presentación, que superó la hora, desglosó estudios exhaustivos, enfatizando una revisión clave: “Proponemos un cambio en el plan de monitoreo ambiental para evaluar en tiempo real si la operación de los buques afecta el entorno. Incluye un monitoreo de temperatura y salinidad alrededor de ambos buques, validando si las descargas modeladas alteran el agua a diversas distancias y profundidades”.
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La apertura estará a cargo de la Secretaria de Ambiente y Cambio Climático, Licenciada María Judith Jiménez, junto a la Secretaria de Estado de Energía y Ambiente, Andrea Confini, y el Intendente de San Antonio Este, Adrián Casadei. Foto: Gobierno Río Negro
La interrogante central —¿qué parámetros se vigilarán?— fue respondida con precisión: “Se mide si los registros operativos coinciden con las predicciones del modelo, extendiéndose a la calidad del agua: no solo térmica y salina, sino componentes químicos para detectar contaminantes de descargas rutinarias de buques”.
Lahaye subrayó la ampliación geográfica: “Se propone un monitoreo general de la zona, cubriendo ambas posiciones de los buques, más un plan específico para comunidades acuáticas bentónicas, asegurando que no se vean comprometidas por sedimentación o turbidez”.
El enfoque en fauna marina añade capas analíticas: “Incluye un monitoreo comparativo entre la zona operativa y un control sin impacto antrópico, como el Parque Nacional. Sugerimos sonares para detectar ruido subacuático —un impacto con alta incertidumbre en mamíferos, aves y tortugas— midiendo diferencias en avistamientos y patrones conductuales”. Esta metodología, basada en acústica pasiva, permite cuantificar el “ruido antropogénico” como vector de disrupción ecológica, un riesgo subestimado en proyectos off-shore similares.
Estudios clave
Desde el arranque, Lahaye catalogó los inputs científicos: “Realizamos relevamientos gravimétricos, perfiles geotécnicos, perforaciones submarinas para caracterizar el sedimento; sonares para interferencias en el fondo marino; muestreos superficiales; y un dispositivo in situ que registró oleaje, corrientes, mareas y temperaturas durante 16 meses. Integramos datos satelitales de vientos y corrientes para modelar tanto la ingeniería como el EIA”. Estos esfuerzos no son meros formalismos: sustentan proyecciones hidrodinámicas que simulan dispersión de efluentes, cruciales para predecir plumas térmicas o salinas en un golfo de baja circulación.
De hecho, los impactos identificados son multifacéticos: alteración fisicoquímica del agua (turbidez, oxígeno disuelto); disrupción conductual en fauna marina (por ruido y campos electromagnéticos); demanda socioeconómica de mano de obra y servicios; seguridad y monitoreo; modificación paisajística visual; y mayor exposición a riesgos incidentales como derrames. Lahaye contextualizó: “El cambio de uso del golfo introduce nuevos vectores de riesgo; su control recae en autoridades para una respuesta ágil, minimizando cascadas ecológicas”.
Por su parte, Julio Cardini, experto en modelación matemática para ingeniería marítima y ambiental, intervino con rigor cuantitativo: “Implementamos modelos como representaciones fieles de la realidad, cuantificando impactos vía ecuaciones diferenciales”.