La estrategia de la disrupción: "Ganar si no se pierde"
El conflicto en Medio Oriente ha entrado en una fase crítica que amenaza con reconfigurar la economía global. Tras 52 días de tensiones —39 de guerra abierta y 13 de una frágil e inestable tregua— la reciente incautación de un carguero iraní por parte de Estados Unidos volvió a encender las alarmas en los mercados energéticos.
"Irán sabe que no puede ganar militarmente el conflicto y, por tanto, ha apelado a patear el tablero de la economía mundial a través del cierre del Estrecho de Ormuz, el impacto en los precios de la energía y la ruptura de varias cadenas de valor", señaló el experto. Para ilustrar este escenario, Brandt citó una célebre frase de Henry Kissinger sobre el Viet Cong: "Ellos ganan si no pierden, nosotros perdemos si no ganamos". En esa misma encrucijada se encuentra hoy Occidente.
Esta incertidumbre provocó un desacople extremo en los mercados. Mientras el "petróleo de papel" (el Brent) cotiza con altibajos alrededor de los 96 dólares, las transacciones de "petróleo físico" han llegado a tocar picos de 150 dólares el barril debido a la urgencia y el riesgo logístico.
Grietas internas y una guerra impredecible
El pronóstico inicial de un conflicto rápido de 5 a 10 días se diluyó por completo, dando paso a una profunda incertidumbre agravada por disidencias internas en ambos bandos:
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En Estados Unidos: El presidente Trump desoyó el consejo inicial del Pentágono de mantener una narrativa estrictamente militar y evitar hablar de "cambio de régimen", elevando la vara del éxito a un punto en el que, si no hay una victoria total, se percibe como una derrota.
En Irán: Mientras el Canciller y el Parlamento muestran cierta actitud negociadora (llegando a anunciar la reapertura del Estrecho de Ormuz para el paso de buques mercantes), la Guardia Islámica boicotea estos esfuerzos. El ataque a buques de Angola y Botsuana, y la posterior respuesta de EE. UU. paralizando el carguero iraní Tuska en el Golfo de Omán, evidencian el caos operativo en la zona.
Un impacto global similar al del COVID-19
Los efectos de esta crisis, advirtió Brandt, trascenderán un eventual cese de hostilidades. La destrucción de infraestructura vital, particularmente para el Gas Natural Licuado (GNL), tomará años en recuperarse. Las cadenas de valor globales enfrentan un panorama que el consultor comparó directamente con la parálisis del COVID-19 en 2020.
Entre los sectores más golpeados destacan:
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Transporte aéreo: El combustible de aviación aumentó un 100%, que encareció tarifas y amenaza con fuertes disrupciones en el turismo del hemisferio norte.
Agricultura: El 20% del amoníaco y el 40% del azufre pasan por Ormuz. Los fertilizantes ya subieron un 50%, lo cual achica márgenes para los productores argentinos de cara a la cosecha 2026/2027, quienes ya evalúan volcarse a la soja en detrimento del trigo o el maíz.
Tecnología e Industria: El 40% del helio, vital para los semiconductores en Taiwán, y el 15% del aluminio mundial, dependen del tránsito por este estrecho.
Argentina: ¿Un refugio en medio de la tormenta?
Frente a un escenario internacional que asfixia a los países importadores, Argentina logra surfear la crisis desde una posición privilegiada. Lejos de sufrir el golpe de lleno, el país capitaliza sus recursos.
Estrecho de Ormuz 4
La producción de petróleo tardará meses en volver a niveles previos al conflicto de Medio Oriente.
"Hoy en materia energética tenemos saldo exportador en petróleo. Estamos exportando 300.000 de los 900.000 barriles diarios que producimos", detalló Brandt. En números concretos, por cada 10 dólares que aumenta el barril, a la Argentina le ingresan 1.100 millones de dólares adicionales, consolidando un balance energético proyectado para este año favorable en 7.800 millones de dólares. Si bien el costo de importar los 20 a 25 buques de GNL necesarios para el invierno se duplicará, la cuenta neta sigue siendo holgadamente positiva.
Además, el mundo enfrenta ahora lo que Brandt define como "inseguridad logística" en el Golfo Pérsico, lo que obliga a las potencias a diversificar su abastecimiento. "El mundo empieza a demandar cada vez más tres cosas que Argentina tiene: alimentos, energía y minerales críticos. Por una vez, llueve y tenemos cuchara", graficó el analista.
A nivel interno, el impacto en los surtidores se ha contenido temporalmente gracias a un acuerdo de amortiguación de 45 días que limitó la suba de combustibles al 24-25%. Aunque se espera que, pasada la guerra, los valores internacionales del crudo se estabilicen en torno a los 80 dólares (superiores a los 60-65 dólares previos al conflicto), la balanza para el país austral, por ahora, se inclina a su favor.