El sector nació en el ámbito público porque, en aquel momento, solo el Estado podía asumir los riesgos tecnológicos, como ocurrió en el resto del mundo. Pero el escenario cambió: hoy la tecnología nuclear, ya sea para radioisótopos, generación de energía o irradiación de alimentos, tiene presencia privada. Para el funcionario, Argentina no construyó en estas décadas una institucionalidad que transforme desarrollo de primer nivel en una industria de escala, como sí lograron otros países.
El contraste se ve en los números. Los argentinos se ubican entre los primeros puestos en aportes a la cooperación internacional del OIEA, con presencia en todo el organismo, incluido su director general Rafel Grossi. Sin embargo, la participación argentina en el mercado nuclear global no supera el 0,4 o 0,5%. Unos 20 países y pico tienen generación nuclear eléctrica, y varios más cuentan con reactores de investigación o multipropósito.
Nucleoeléctrica: 3 centrales y una nueva unidad de negocios
Nucleoeléctrica opera tres centrales: Atucha I, en operación desde 1974; Embalse, desde 1983; y Atucha II, que llegó a crítico en 2014 y tiene licencia de operación desde octubre de 2016. Entre las tres entregan alrededor de 1,3 GW, porque Atucha I estuvo apagada el año pasado. Cuando vuelva a funcionar, a partir de julio de 2027, la potencia será de 1,6 a 1,7 GW. Esto equivale a cerca del 4% de la capacidad instalada y a entre el 8 y el 10% de la energía generada, según el momento del día.
El proyecto de extensión de vida de Atucha I comenzó en septiembre de 2024. Nucleoeléctrica aportó fondos propios y el resto se financió con aportes del Tesoro. El objetivo es sumar al menos 20 años de operación a la primera central del país.
Campos destacó los antecedentes de la empresa. La extensión de Embalse, realizada entre 2016 y 2019, se completó dentro de los costos y los tiempos proyectados, y el personal que intervino recibió un 40% menos de la dosis de radiación estimada. La central volvió a crítico en 2018 con 30 años más de operación.
Sobre la seguridad, Campos fue categórico: "es la piedra angular". Y agregó que "toda optimización que se haga tiene que ser valorada contra la seguridad". Como indicador, recordó que Atucha II quedó primera en el Performance Index de WANO, la Asociación Mundial de Operadores Nucleares, con 100 puntos. El factor que más pesa en ese índice, aclaró, es la seguridad.
Juan Martín Campos, presidente de Nucleoeléctrica Argentina.
Ingeniería a medida: de Atucha a Rumania
Nucleoeléctrica dividió la empresa para crear una nueva unidad de negocios: la venta de servicios de ingeniería. Campos explicó que las dos Atuchas son prototipos únicos en el mundo y que su diseñador desapareció, por lo que la empresa tuvo que asumir el rol de autoridad de diseño.
Como ejemplo, recordó el problema en los internos del reactor de Atucha II en 2022. Los proveedores consultados proponían parar el reactor, quitar la tapa y los combustibles, descontaminar y retirar la parte defectuosa, lo que implicaba cerca de cuatro años de parada. Nucleoeléctrica, con recursos propios y pymes calificadas de la zona de Zárate, lo resolvió en 10 meses y sin abrir el reactor.
Con esa experiencia, la compañía firmó un memorándum con Nuclearelectrica, la empresa rumana. Rumania tiene dos reactores CANDU 6 en funcionamiento, iguales a Embalse, de entre 670 y 680 MW. La idea es que Nucleoeléctrica participe en la extensión de vida de Cernavoda 1 y 2, y en la terminación de Cernavoda 3 y 4, que quedaron a medio construir. Las partes negocian ahora los modelos de contratación.
Para Campos, el futuro exportador es inevitable: "no le va a quedar otra". La razón es que Embalse sumó 30 años en 2018 y Atucha I sumará 20 desde mediados de 2027, pero hacia 2047-2050 ambas centrales se apagarían. Por eso, la empresa debe desarrollar otra pata, como la operación de centrales construidas por terceros y los servicios de ingeniería. Aseguró que la compañía está "muy bien mirada" por el mundo nuclear y citó el respeto de Framatome.
RA-10: el rol del capital privado
El RA-10 es un reactor multipropósito ubicado en el Centro Atómico Ezeiza. No genera energía y cumple cuatro funciones: produce radioisótopos, realiza dopaje de silicio (insumo crítico para la electrónica de precisión), permite testear combustibles y materiales, y ofrece instalaciones de investigación.
Ramos Napoli explicó que el reactor no entrega el radioisótopo listo para distribuir: para eso hace falta una planta de producción. Con el RA-10 terminado y en crítico, sostuvo, la misión de la CNEA "está cumplida". La planta, en cambio, es tecnología disponible en el mercado y no implica un salto tecnológico, por lo que no tendría sentido que la Comisión pierda su rol de investigación y desarrollo. El vehículo idóneo para operar un reactor, afirmó, es una empresa y no un organismo público.
Federico Ramos Napoli, secretario de Asuntos Nucleares.
Uranio: del 'pasivo' a la cadena de valor
Ramos Napoli recordó que Argentina minó uranio hasta hace 30 años, y que la actividad se detuvo con la caída de precios de los años 90. Desde la creación de la Secretaría de Asuntos Nucleares, volver a mirar el uranio es uno de los ejes de la agenda.
El país tiene tecnología para agregar valor. Hay una iniciativa en tratamiento para ampliar una planta que originalmente iba a convertir a dióxido de uranio y pasaría a producir hexafluoruro de uranio, insumo necesario para el enriquecimiento. Según el secretario, de los reactores en construcción en el mundo, 62 o 63 usan uranio enriquecido.
El primer paso es retomar la exploración. "Algunos dicen 30.000, otros 40.000, otros 50.000", señaló, pero sin exploración seria no se pueden definir reservas confirmadas. Mientras tanto, la CNEA trabaja en la remediación de Sierra Pintada, en San Rafael, Mendoza: este año culminó las impermeabilizaciones de las aguas de cantera y termina la planta de tratamiento de radio y arsénico.
También hay proyectos privados en exploración: Huemul en Mendoza, Amarillo Grande e Ivana en Río Negro, y una exploración anunciada en la Cuenca del Golfo San Jorge, en Chubut. Durante la Argentina Week, las autoridades de Santa Cruz mencionaron que confirmaban al menos 5.000 toneladas de uranio en la provincia.
Ramos Napoli describió el cambio de paradigma de los SMR (reactores modulares pequeños): mayor bancabilidad, fabricación de componentes en serie y montaje en cuatro o cinco años, frente a los ocho o diez que suelen terminar en 12 o 13 en un reactor grande. La estrategia es esperar a que ese mercado madure y volcar las capacidades desarrolladas durante más de siete décadas a esa cadena de valor.
Campos agregó que una iniciativa privada de una empresa de capitales estadounidenses propone construir un reactor en el predio de Atucha. Para la compañía, es "el as de espadas" del sector, porque permitiría retener capacidades altamente calificadas.