“En estas condiciones de aridez y para satisfacer las necesidades de los cultivos se requiere de una lámina de riego de 5 milímetros diarios, permitiendo determinar que con el caudal obtenido y las horas de funcionamiento se pueden explotar 8,4 hectáreas”, agregó Sosa.
De riego superficial a presurizado
Inicialmente, cuatro productores regaban sus parcelas con el método tradicional por melgas y surcos, limitado por el bajo caudal de la perforación. Con el apoyo del INTA, se diseñó e instaló un sistema de riego presurizado adaptado a las necesidades de los cultivos: riego por aspersión para papa y por goteo para tomate.
Además, se brindó asistencia técnica en la instalación del cabezal de filtros, válvulas, cintas de goteo y alas regadoras fijas.
Impacto y resultados
La transición al riego presurizado marcó un cambio significativo. De una superficie cultivada limitada por el riego superficial, se pasó a la posibilidad de explotar 8,4 hectáreas. Actualmente, se cultivan dos lotes de papa, un lote de tomate y maíz para choclo, sumando 1 hectárea, mientras que el resto del caudal se destina a pasturas (alfalfa) para la alimentación del ganado.
Este proyecto, impulsado por el INTA y el uso de energías renovables, no solo optimizó el recurso hídrico, sino que también fortaleció la producción agrícola en una región de condiciones desafiantes.