Rafael Grossi fue elegido en su cargo al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en diciembre del 2019 y ahora quiere reemplazar al portugués Antonio Guterres quien dejará su cargo en enero del 2027 y viene siendo muy criticado por Donald Trump.
“La OIEA tiene un enorme prestigio y no está en la misma bolsa que la mayoría de los organismos internacionales como Naciones Unidas. Se cumplen 80 años desde su establecimiento y lamentablemente, con el paso del tiempo, su foco inicial se fue perdiendo. El objetivo inicial era salvar de la miseria de la guerra. Y en los últimos 8 meses ha habido una serie de conflictos que tuvieron como denominador común la ausencia de la ONU”, cuestionó.
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FOTO DE ARCHIVO. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, va por la secretaría general de la ONU. Foto: Reuters.
Entre ellos, mencionó los problemas entre Arzeibaiyan y Armenia, entre Camboya y Tailandia, entre India y Pakistán o entre Israel, Irán y Hamas. Todos, según él, llegaron a cierto principio de acuerdo, aunque gracias a otros actores y no a la ONU.
La experiencia nuclear argentina
Respecto a la experiencia en su actual cargo, destacó que se trata de un organismo de técnicos, inspectores, científicos, investigadores e ingenieros nucleares, donde la importancia de un diplomático como él es gestionar las crisis políticas.
“Se requieren algunas capacidades que yo las he adquirido gracias a la Argentina, yo fui diplomático, fui educado en la CNEA, en Invap, entiendo lo que es un reactor de producción de agua pesada, enriquecimiento de uranio o los desarrollos nucleares en todas sus dimensiones”.
Como ejemplo de ello, relató que se encontraba en la capital estadounidense justamente para encargarse de un conflicto como el programa nuclear iraní, donde celebrarán reuniones este mismo viernes para buscar puntos en común entre las partes.
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FOTO DE ARCHIVO. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, es visto de camino a la central nuclear de Zaporiyia, en medio del ataque de Rusia a Ucrania.
“El desafío es poder balancear el manejo de las crisis que exigen viajar mucho, con la tarea cotidiana del propio organismo en Viena. Para no dejar de lado otros temas. De los 181 miembros, hay muchos que les importan otras cosas. Entonces es como jugar varias partidas de ajedrez en simultáneo. En todas tenés que tener la concentración necesaria para que salgan bien”, concluyó.
Por último, reconoció que sufrió amenazas de muerte por parte de allegados a Irán y, a partir de ello, tuvo que tomar medidas de seguridad que afectan a su familia. “Tengo que tomar precauciones que no son agradables en mi vida cotidiana. Es un costo que debo asumir, no me puedo dejar amedrentar”.