El siguiente paso incluirá plantas de separación de gases para sacarle la riqueza que después se transformará en gas licuado de petróleo, metano para su exportación y butano, propano y etano para petroquímica y otros usos. Luego será el turno de construir la planta de licuefacción, que costará entre 5 y 10 mil millones de dólares.
Además, se deberá contar con un puerto de aguas profundas para el amarre de los buques y, finalmente, los clientes. “Hoy la tendencia después de la de la guerra de Ucrania, los contratos son a largo plazo de 10 o 15 años”, aseveró.
Sobre las voces disonantes que se escucharon en el Congreso, el exsubsecretario de Hidrocarburos de la Nación consideró que el problema del proyecto es que para acceder a los beneficios se requiere una inversión relevante, pero es como para un proyecto integral, entonces “uno podría suponer que la ley tiende a que se constituyan consorcios entre todos esos actores”.
En este sentido, Carbajales puso de ejemplo lo que podría significar el proyecto para las empresas. “Incluso YPF no tiene la producción necesaria para nutrir este tipo de proyectos. Entonces, va a tener que asociarse o comprarles producción a terceros. Esas son las cuestiones que están todavía por resolverse. Veremos en el Senado si se hacen modificaciones al proyecto para que vuelva a Diputados. Incluso es una incógnita si va a tener tratamiento este año”, subrayó.