Aunque el proceso todavía enfrenta incertidumbres políticas y económicas, el nuevo escenario empieza a plantear una pregunta que también alcanza a Argentina: ¿el resurgimiento petrolero venezolano podría convertirse en un competidor para Vaca Muerta?
Enero: la caída de Maduro cambió el escenario político
El punto de quiebre llegó el 3 de enero de este año, cuando Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron capturados durante un operativo militar estadounidense en Caracas y trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales. Días después comparecieron ante un tribunal de Manhattan y la Justicia fijó el inicio del juicio para junio de 2027, según informó la BBC.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, observa el Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, Venezuela. 31 de julio de 2024. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria - RC2H69AK1ZF4
Ese mismo día, el Gobierno argentino difundió un comunicado en respaldo a la captura y sostuvo que la medida abría la posibilidad de que Edmundo González Urrutia, de la coalición opositora Plataforma Unitaria Democrática (PUD), pudiera asumir la presidencia surgida de las elecciones de 2024.
Dos días más tarde, Delcy Rodríguez asumió la conducción interina del Ejecutivo venezolano tras una juramentación avalada por el Tribunal Supremo de Justicia. Su primera decisión fue una profunda reestructuración del gabinete, que incluyó la salida de funcionarios emblemáticos del ciclo anterior.
El petróleo volvió a ser prioridad
La transición política estuvo acompañada desde el comienzo por una agenda centrada en la recuperación de la industria petrolera.
FOTO DE ARCHIVO: La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, se dirige a los medios de comunicación en el Palacio de Miraflores, en Caracas, Venezuela, el 18 de agosto de 2022. REUTERS/Leonardo
El 6 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un acuerdo inicial con el gobierno venezolano para colocar entre 30 y 50 millones de barriles en el mercado estadounidense. Según explicó el mandatario a través de Truth Social, los recursos obtenidos serían administrados por Washington bajo un esquema acordado con Caracas.
Mientras tanto, dentro de Venezuela comenzó otro debate: cómo reconstruir PDVSA después de años de caída productiva y deterioro de infraestructura.
La reforma que cambió las reglas del negocio
El cambio estructural llegó en julio. Rodríguez reglamentó la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, considerada una de las modificaciones más profundas del sector desde la nacionalización de 1976.
El nuevo marco habilitó una participación mucho más amplia del sector privado. Las empresas podrán asumir tareas operativas dentro de proyectos petroleros, administrar determinadas empresas mixtas y comercializar directamente parte del petróleo producido, funciones que históricamente permanecían concentradas en PDVSA.
La reforma también incorporó incentivos fiscales para mejorar la rentabilidad de los proyectos. Aunque mantiene una regalía máxima del 30%, habilita reducciones según las características económicas de cada desarrollo y elimina varios gravámenes extraordinarios que afectaban a la actividad.
Otro punto relevante fue la incorporación de mecanismos de arbitraje para resolver conflictos contractuales, una herramienta que distintas compañías internacionales consideran clave al momento de evaluar inversiones de largo plazo.
Agosto: el acuerdo que redefinió la relación con Estados Unidos
El anuncio más trascendente llegó a fines de agosto. Washington y Caracas sellaron un acuerdo de largo plazo que involucra más de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas distribuidas en 17 yacimientos, principalmente ubicados en la Faja del Orinoco y el Lago de Maracaibo.
El esquema prevé que empresas estadounidenses participen con mayoría operativa en distintos desarrollos durante al menos 25 años.
Trump presentó el convenio como un acuerdo alcanzado junto al secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth y el gobierno interino venezolano. “Han asegurado el control mayoritario de Estados Unidos sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela”, escribió en Truth Social.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, observa durante una reunión con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (no en la foto), en la Oficina Oval de la Casa Blanca en Washington, EEUU,
Según cifras difundidas por el gobierno interino, el programa podría movilizar unos US$100.000 millones en inversiones y generar más de US$209.000 millones en regalías e impuestos durante toda la vigencia del acuerdo.
La defensa del nuevo modelo petrolero en Venezuela
La nueva política energética también llegó a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Durante su intervención, Rodríguez defendió el acuerdo petrolero con Estados Unidos como una herramienta para acelerar la recuperación económica del país y sostuvo que el convenio constituye uno de los mayores pactos energéticos firmados por Venezuela, según informó la agencia EFE.
El gobierno venezolano proyecta un crecimiento del PIB del 7,4% para este año apoyado, en buena medida, en la recuperación de la actividad petrolera.
¿Puede Venezuela competir con Vaca Muerta?
El regreso de Venezuela al radar de las grandes petroleras no implicaría automáticamente un desplazamiento de Vaca Muerta, pero sí modifica el mapa regional que observan las compañías internacionales.
Argentina conserva ventajas difíciles de replicar. El shale neuquino ofrece niveles de productividad competitivos a escala global, una curva de aprendizaje consolidada y proyectos de infraestructura como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, que ampliarán la capacidad exportadora durante los próximos años.
Venezuela juega otra partida. Posee las mayores reservas probadas del mundo, una producción cercana a 1,2 millones de barriles diarios y ahora suma un marco regulatorio diseñado para atraer inversión privada después de décadas de fuerte intervención estatal.
Chevron volvió a ocupar un lugar central
Uno de los movimientos más importantes llegó durante abril. Tras la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas y la flexibilización de las sanciones sobre PDVSA, Chevron pasó a convertirse nuevamente en uno de los principales jugadores del sector.
El 13 de abril, Rodríguez anunció un acuerdo con la petrolera estadounidense para incrementar su producción mediante nuevos desarrollos en la Faja del Orinoco, uno de los mayores reservorios de crudo extrapesado del planeta. Según reconstruyó El País, el convenio incluyó una reorganización de activos entre proyectos gasíferos y petroleros administrados por empresas mixtas junto a PDVSA.
“Este acuerdo nos permitirá dar importantes avances en materia de producción y que los ingresos derivados de esa producción vayan directamente al beneficio del pueblo de Venezuela”, afirmó Rodríguez durante el anuncio.
Tras el levantamiento de las sanciones de EE.UU, Venezuela incrementa su producción de petróleo.
La mandataria también sostuvo que el nuevo esquema busca ofrecer previsibilidad a quienes desembarquen en el país. “Es una manera de brindar seguridad jurídica e institucional a los inversionistas que vienen a Venezuela. Que se entienda que no es una inversión pasajera ni momentánea.”
Más adelante, en septiembre, Chevron anunció que buscará duplicar su producción en Venezuela hasta alcanzar unos 600.000 barriles diarios en los próximos cinco años mediante inversiones superiores a US$7.000 millones. El plan contempla nuevas concesiones en la mencionada zona y el aprovechamiento del nuevo marco regulatorio aprobado durante este año.
Grandes petroleras llegan a Venezuela
El interés no se concentra únicamente en las grandes petroleras, sino que empieza a involucrar también a compañías de servicios y nuevos operadores.
A comienzos de año, Estados Unidos flexibilizó las sanciones y habilitó a un grupo de grandes compañías internacionales a retomar o ampliar sus operaciones en el país. Entre ellas quedaron BP, Shell, Eni, Repsol y Maurel & Prom. Las nuevas licencias permitieron a estas empresas operar proyectos de petróleo y gas y avanzar en negociaciones para nuevas inversiones, consignó Reuters.
En abril, Repsol acordó con el gobierno venezolano y PDVSA recuperar el control operativo de Petroquiriquire y aumentar su producción. La petrolera española informó que estaba en condiciones de elevar en un 50% su producción bruta en Venezuela durante los siguientes 12 meses y triplicarla en tres años, siempre que se mantuvieran las condiciones necesarias. En junio firmó un memorando para estudiar el desarrollo del área Horcón, al sudeste del Lago de Maracaibo, y evaluar nuevas oportunidades gasíferas offshore.
FOTO DE ARCHIVO: El logo corporativo de la petrolera estatal PDVSA se ve en una gasolinera en Caracas, Venezuela 12 de abril de 2017. REUTERS/Marco Bello/Archivo
Eni también profundizó su presencia. El 2 de septiembre firmó con PDVSA un contrato de 25 años para desarrollar el bloque Junín 5, en la Faja del Orinoco, y asumió el rol de operador con responsabilidad técnica, financiera y comercial. El área cuenta con unos 35.000 millones de barriles de crudo en sitio y actualmente produce alrededor de 12.000 barriles diarios, según informó la propia compañía.
A ese grupo se sumaron nuevas conversaciones. Reuters informó a fines de agosto que ONGC y GE Vernova también comenzaron a dialogar para cerrar acuerdos con Venezuela. GeoPark anunció su entrada al país a través del bloque Bare, un activo de gran escala productor de petróleo pesado ubicado en la Faja del Orinoco.
Por último, días atrás, Halliburton anunció memorandos con la brasileña Eneva y WESCA para explorar proyectos de petróleo y gas y mejorar infraestructura existente.