Shock del petróleo: el contraste entre la estrategia argentina y el racionamiento internacional
Mientras los países importadores netos ejecutan medidas de racionamiento, naciones con recursos energéticos como Argentina ensayan otras vías de escape.
El conflicto bélico en Irán y Medio Oriente provocó una disrupción histórica en los mercados mundiales de crudo y derivados tras el bloqueo del Estrecho de Hormuz. Ante la tensión en la cadena de suministro y la escalada en las cotizaciones internacionales, los gobiernos diagraman planes de contingencia urgentes para evitar el desabastecimiento.
Según el rastreador de políticas de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el mapa geopolítico exhibe estrategias diametralmente opuestas: mientras los países importadores netos ejecutan medidas de racionamiento, naciones con recursos energéticos como Argentina ensayan otras vías de escape.
La política de mitigación en Argentina
En el segmento downstream local, el gobierno argentino optó por un esquema integral que busca garantizar el volumen de oferta sin golpear de lleno el bolsillo del consumidor final.
De acuerdo con el informe de la AIE y los recientes movimientos del mercado interno, Argentina implementó tres ejes clave:
Aumento del corte de biocombustibles: El Ejecutivo autorizó un mayor porcentaje de bioetanol en la mezcla de naftas. Esta política de sustitución reduce la dependencia de las importaciones de combustibles terminados y aprovecha la capacidad instalada de la industria agroenergética nacional.
Congelamiento impositivo: Para evitar que el shock internacional se traslade directamente a los surtidores, el Estado postergó los aumentos programados a los impuestos sobre los combustibles líquidos (ICL) y al dióxido de carbono (IDC).
Ancla de precios en surtidor con YPF: Un factor determinante para el mercado local, que el reporte de la AIE omite en su relevamiento, es la intervención directa sobre los precios minoristas. La petrolera de mayoría estatal, YPF, congeló los precios de las naftas por 45 días. Al concentrar la mayor cuota de mercado, esta decisión marca un techo para los valores del sector y obliga al resto de las refinadoras privadas a frenar sus aumentos para no perder competitividad.
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YPF congeló los precios de las naftas por 45 días.
Racionamiento y control en el mundo
A diferencia de la flexibilidad técnica e impositiva que adoptó Argentina, otras economías aplicaron medidas severas de restricción de la demanda, con intervenciones directas sobre el consumo residencial, comercial y estatal.
Varios países modificaron la dinámica urbana para forzar una caída en la demanda de derivados y energía eléctrica:
Corea del Sur impuso un sistema de conducción alternada (según número de patente par o impar) para los trabajadores del sector público.
Sri Lanka diseñó y aplicó un esquema nacional de cupos de combustibles a través de un sistema de códigos QR.
Lituania redujo las tarifas de los trenes locales en un 50% para desalentar el uso de vehículos particulares de combustión interna.
Bangladés, Filipinas y Tailandia fijaron topes obligatorios de temperatura (entre 24°C y 26°C) para el uso de aire acondicionado en el sector público. Jordania fue más allá y prohibió temporalmente su uso en las oficinas gubernamentales.
Pakistán y Filipinas acortaron la semana laboral presencial del Estado a cuatro días para mitigar los desplazamientos.
Intervención en los mercados minoristas
Para frenar el impacto inflacionario, las autoridades de distintos continentes intervinieron los surtidores con controles de precios y subsidios directos:
Alemania limitó las actualizaciones de pizarras: las estaciones de servicio solo pueden subir los precios de las naftas y el diésel una vez al día.
Japón y Corea del Sur introdujeron precios máximos minoristas, respaldados por compensaciones económicas a las refinerías e importadores.
España, Francia y el Reino Unido recortaron el IVA y los impuestos específicos a los hidrocarburos. Además, desplegaron planes de asistencia focalizados para sostener la operatividad de sectores intensivos, como la agricultura, la pesca y el transporte de carga.
La crisis iraní expuso la vulnerabilidad de la seguridad energética global. Mientras gran parte del mundo aplica herramientas de contención de la demanda y asume un alto costo fiscal para subsidiar tarifas, Argentina utiliza su apalancamiento en los biocombustibles y el peso de su petrolera de bandera para ganar margen operativo en un mercado global caracterizado por la escasez y la extrema volatilidad.