Fuentes de la industria indicaron que la cotización actual del surtidor obedece a un barril en torno a los 86 dólares. Por lo tanto, el margen de atraso está por encima del 10%. “En los picos la diferencia puede ser del 20%, del 30% y más también”, afirmó Marin en La Fábrica Podcast este fin de semana.
Si bien nadie considera que habrá un traslado a precios en el corto plazo, el problema surgiría si la escalada bélica continúa y no ofrece un panorama alentador, a siete meses del inicio de la guerra y a muy pocas semanas de las elecciones legislativas en los Estados Unidos que es el único factor que hoy actúa como incentivo negociador.
Impacto en la inflación y el salario
Y más allá de que este crudo beneficia a las exportaciones argentinas, también pone en aprietos el sendero de baja de inflación y de recuperación del salario real, dos motores clave para reactivar la economía de cara a los comicios del 2027.
Es por eso que la Secretaría de Energía decidió congelar el impuesto a los combustibles de este mes y aumentar tanto los bloques de consumo subsidiados como las bonificaciones en las tarifas de luz y gas.
Solamente en los primeros siete meses del 2026, la pérdida de ingresos por impuesto al combustible no recaudados asciende a más de 1.200 millones de dólares y el peso de este tributo bajó unos 10 puntos porcentuales durante la última década.
El otro desafío para la industria pasa por el desplome en las ventas de nafta y gasoil, que ya suman seis meses consecutivos a la baja, sin signos de mejora. En julio, el escenario más complejo se vio en la nafta con una merma del 7,2% interanual, mientras que el gasoil cayó un 0,9%.
Gran parte de este comportamiento obedece a la suba de precios en dólares del 26% respecto al acumulado de los primeros siete meses del 2025, al pasar de 1,18 dólares el litro a 1,48 dólares.
De esta forma, Argentina pasó de estar en el lote de los países con combustible más barato en la región, a figurar entre los más caros, por encima del promedio regional.