¿Qué puede aprender Argentina de la fundición de cobre?
Con una producción cercana al millón de toneladas anuales, Zambia acaba de expandir su capacidad de fundición y se posiciona como un jugador clave del mercado global.
Zambia es un país desconocido para gran parte de los argentinos, pero representa uno de los jugadores históricos del mercado de cobre global, con más de 100 años de producción y una capacidad de fundición que tienen pocas naciones en el mundo.
Su historia con el cobre nace a comienzos del Siglo XX bajo el colonialismo británico y, más allá de los cambios tras su independencia en la década del 60’, siempre fue el pilar en el que se basó su economía. A tal punto, que muchos países como Chile siguieron con interés esta experiencia para adoptar sus métodos y su tecnología.
Hoy Zambia produce cerca de un millón de toneladas de cobre al año con exportaciones mineras por encima de los 10.000 millones de dólares que podrían triplicarse en los próximos años a partir de un plan de expansión que pretender llevar a este país a los tres millones de toneladas de este mineral estratégico.
Pero lo más sorprendente es su política de valor agregado con la instalación de dos grandes fundidoras. Una de ellas (Kansanshi), recientemente ampliada y modernizada, pasó a ser la más grande del mundo fuera de China, país que hegemoniza la fundición de cobre internacional.
Kansanshi Zambia cobre minería (1)
Cobre para crecer
De una capacidad original de 1,2 MTPA de concentrado para producir 300 ktpa de ánodo de cobre, pasó a 1,6 MTPA de concentrado y 400 ktpa de ánodo de cobre. Un nivel que supera a fundidoras como Onsan (en Corea del Sur), Saganoseki (Japón) y Dahej (India), las más grandes fuera de China hasta el momento, con el agregado de que son mucho más antiguas que Kansanshi.
La planta que se acaba de inaugurar luego de una inversión de 1.200 millones de dólares en todo el complejo Kansanshi, recibe el concentrado de cobre de tres minas aledañas con una pureza en torno al 25%, para entregar una placa de ánodo de 400 kg con un 99,5% de pureza.
Se trata de una política de Estado del gobierno zambiano, que incentivó a la ampliación de esta planta con un gravamen impositivo mayor a toda exportación de cobre que no se funda en el país. El punto clave es el peso que tienen las fundidoras en el mapa geopolítico global, por la dependencia de Occidente hacia China, su intento por revertirla y el apoyo que reciben países no alineados como Zambia para convertirse en socios confiables.
Así, muchos proyectos de infraestructura vial, ferroviaria y energética asociados al cobre de este país africano están siendo financiados por compañías occidentales o por organismos financieros internacionales de distinto tipo.
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¿Puede Argentina seguir estos pasos?
Dentro de la región, Chile y Perú también cuentan con sus plantas fundidoras, pero lejos de agrandarse, se están contrayendo. En la industria sostienen que no es un buen negocio mantenerlas por la inversión que requieren, el consumo energético que conllevan, la enorme cantidad de agua que utilizan y los extremos cuidados ambientales que necesitan.
“Una fundidora nueva cuesta entre 5.000 y 8.000 millones de dólares según su tamaño y tiene una rentabilidad en torno al 5%. No llega ni siquiera a compensar el costo financiero que es el principal gasto que tiene una planta de este tipo. En Argentina hoy sería inviable, pero en un futuro, cuando estén los grandes proyectos de cobre en producción, podría pensarse de la mano de un apoyo de los Estados Unidos que ayude en la ingeniería financiera”, explica un alto ejecutivo de la industria.