Un ejemplo es Schwager, compañía chilena con raíces en la minería del carbón, que se reinventó como proveedora de servicios mineros. Según Alex Acosta, gerente general, la firma busca duplicar sus ventas (actualmente en US$100 millones) y expandirse a Argentina, siguiendo su experiencia en Perú y México. “Estamos siguiendo de cerca lo que pasa en Argentina. Cuando las condiciones lo permitan, participaremos en licitaciones”, afirmó Acosta a Diario Financiero. La estrategia incluye buscar socios locales para replicar un modelo de colaboración bidireccional, como ya hacen en Perú.
Palabra clave: coorperación
El tratado binacional entre Argentina y Chile es clave en este escenario. Jack Lundin, presidente del Grupo Lundin, expresó su intención de optimizar recursos entre sus proyectos en ambos países, como Vicuña en Argentina y Candelaria y Caserones en Chile, aprovechando la logística transandina. Este acuerdo también podría resolver las carencias de infraestructura señaladas por Marcelo Álvarez, CEO de Barrick, quien criticó la insuficiencia del RIGI y la falta de desarrollo logístico en Argentina.
Por otro lado, la chilena Antofagasta PLC, una de las mayores productoras de cobre del mundo, mantiene su interés en el proyecto Pachón, actualmente en manos de Glencore, en medio de especulaciones sobre una posible fusión con Río Tinto.
Compre local
En Argentina, sin embargo, la llegada de empresas extranjeras genera resistencia. En provincias como San Juan y Salta, los actores locales exigen leyes que prioricen la contratación de mano de obra y servicios regionales frente a lo que perciben como una “amenaza” de firmas foráneas, incluidas las chilenas y mendocinas.
El desarrollo de la minería de cobre en Argentina no solo atrae inversiones, sino que también promete una creciente presencia chilena, respaldada por su experiencia y acuerdos bilaterales. Sin embargo, el desafío será equilibrar los intereses locales con la integración regional para impulsar una industria clave para el futuro.