Sin embargo, el panorama subterráneo está cambiando a una velocidad vertiginosa. El interés de los inversores se focalizó decididamente en el cobre, desplazando un poco a minerales como el oro y el litio.
De hecho, por primera vez en la historia, el cobre lidera los presupuestos de exploración minera en el país, representando un 41% del total en 2024, según un informe de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM).
En el top 10
Este cambio de paradigma fue contundente, con un incremento constante en los fondos destinados a la exploración en los últimos años. Este renovado apetito por el metal rojo posicionó a Argentina en el octavo lugar del ranking mundial de inversión en exploración de cobre, una señal inequívoca del potencial que el mercado internacional ve en los yacimientos locales.
La promesa de este resurgimiento se materializa en una cartera de proyectos de escala mundial. Según datos de la CAEM, los seis proyectos más avanzados en la cartera nacional tienen inversiones estimadas (CAPEX) por un total de USD 19.521 millones.
La mayor parte de este capital, un 86%, se destinará a proyectos greenfield (es decir, un proyecto que se crea desde cero, sin limitaciones de infraestructura o construcciones previas). El cronograma es ambicioso: se prevé que estos proyectos entren en operación de manera escalonada entre 2028 y 2031, marcando un horizonte de desarrollo intensivo para el resto de la década.
El impacto potencial de estas inversiones es transformador. De concretarse la puesta en marcha de estos seis proyectos, la capacidad productiva de cobre en Argentina podría superar el millón de toneladas anuales. Este volumen no solo representaría un regreso al mercado, sino un ingreso por la puerta grande: el país se posicionaría en el Top 10 de productores globales.
La oportunidad es inmensa, en un contexto donde la demanda de cobre refinado ha crecido un 82% desde el año 2000, con China absorbiendo el 60% del consumo mundial, y con proyecciones que indican que la demanda de minerales para tecnologías limpias se multiplicará por seis en las próximas décadas. Argentina, tras años de ausencia, tiene una oportunidad histórica para convertirse en un proveedor clave del metal fundamental para el futuro energético.