Los cronogramas indican que la mayoría de estas obras arrancará entre 2026 y 2028, con puestas en marcha escalonadas hasta 2034. El caso de Vicuña, que integra los yacimientos de Josemaría y Filo del Sol, es el de mayor escala: contempla tres etapas consecutivas que se extienden hasta 2037.
No todos los proyectos avanzan al mismo ritmo. PSJ Cobre Mendocino, por su menor tamaño, necesita apenas dos años de obra antes de empezar a producir. En el otro extremo, El Pachón recién iniciaría la construcción en 2031, con una puesta en marcha proyectada para 2034.
Cuánto dinero mueve la expansión
La magnitud de la inversión es uno de los datos que más llama la atención. Según el Catálogo de Proyectos de CAEM, más del 70% de los 50.000 millones de dólares identificados para toda la cartera minera argentina se concentra en estos seis emprendimientos cupríferos.
Un proyecto tipo de cobre a cielo abierto, con capacidad para procesar un millón de toneladas anuales de concentrado, requiere entre 3.000 y 4.000 millones de dólares de capex. La cifra sextuplica lo que demanda, en promedio, un proyecto equivalente de litio.
El impacto en el empleo también es considerable. En el pico de la etapa constructiva, cada mina de cobre puede llegar a movilizar hasta 9.000 trabajadores en simultáneo. Una vez en operación, esa dotación se reduce a entre 800 y 1.000 puestos directos permanentes.
Qué necesita el cobre para producir
Puesto en marcha, un yacimiento de este tipo consume una cantidad de insumos difícil de dimensionar desde afuera: más de 320 MW de potencia eléctrica instalada, unos 100 millones de litros de diésel al año y hasta 50.000 toneladas anuales de explosivos y agentes de voladura.
Ese apetito de la operación abre una ventana concreta para la industria nacional. Empresas de metalmecánica, química y logística ya proveen bolas de acero para molienda, revestimientos antidesgaste y servicios de mantenimiento a distintos proyectos mineros del país.
El problema aparece con los equipos de mayor porte. Molinos SAG, chancadores, palas hidráulicas y camiones de extracción de alto tonelaje siguen llegando de fabricantes internacionales, sin que exista producción local capaz de competir en esos segmentos por ahora.
MARA es uno de los seis proyectos que convertirán a Argentina en un jugador de peso en la industria del cobre.
Un régimen que busca acelerar la inversión
Sancionado en el 2024, el RIGI funciona como uno de los motores detrás de este movimiento. El régimen apunta a mejorar la competitividad tributaria de sectores estratégicos y ya fue clave para destrabar las presentaciones de varios de estos proyectos cupríferos.
Las empresas mineras, mientras tanto, organizan sus compras según la cercanía geográfica al yacimiento. El criterio de los "anillos" prioriza a los proveedores locales para bienes de menor complejidad y reserva los contratos de mayor escala para actores con trayectoria certificada.
La proyección hacia 2040 estima una producción de cobre fino cercana a 1,25 millones de toneladas anuales. El movimiento de suelos, la logística y los materiales de obra durante la construcción representan, según el informe, la ventana de oportunidad más inmediata para la industria proveedora argentina.