Para Argentina, cuya cartera de proyectos mineros en litio y cobre no tiene precedentes históricos, la ecuación es doble: aprovechar la demanda global de minerales críticos y, al mismo tiempo, garantizar el suministro energético que esa expansión demanda.
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Argentina posee 197,9 Mt de recursos de litio y proyecta exportar US$ 11.000 M para 2035.
El peso de Argentina en el tablero global
El aumento de la demanda de minerales críticos como cobre, litio, grafito y tierras raras —esenciales para vehículos eléctricos, paneles solares, baterías y redes eléctricas— impulsa el crecimiento acelerado del consumo energético del sector minero.
Argentina es protagonista en ese mapa. El país integra el "Triángulo del Litio" junto con Chile y Bolivia, que concentra más de la mitad de las reservas mundiales en salmueras. Los datos oficiales son contundentes: la Secretaría de Minería de la Nación registra 197,9 millones de toneladas de recursos de litio y 18,6 millones de toneladas en reservas, además de 116 millones de toneladas de recursos de cobre y 17,1 millones en reservas.
Argentina se ubica como el quinto productor mundial de litio, con 6 proyectos en producción y más de 41 proyectos en etapas avanzadas. En 2024, las exportaciones de litio alcanzaron los US$ 645 millones, con proyecciones que superarían los US$ 11.000 millones para 2035.
El cobre, en tanto, todavía no genera producción desde el cierre de La Alumbrera en 2018, pero proyectos de escala global como Josemaría, Los Azules, Taca Taca, El Pachón y el Proyecto Vicuña representan una inversión estimada de entre US$ 15.600 millones y US$ 19.000 millones. Si esta cartera se concreta, las exportaciones de cobre podrían superar los US$ 11.000 millones anuales hacia 2033.
En 2024, la minería representó el 4% de las exportaciones argentinas, con US$ 4.633 millones exportados, con proyección de superar los US$ 5.000 millones en 2025. La Secretaría de Minería estima que Argentina podría cuadruplicar sus exportaciones mineras para 2030, alcanzando los US$ 18.600 millones anuales.
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El norte argentino concentra proyectos de litio que exigen infraestructura eléctrica urgente.
Más producción, más energía: el cuello de botella
El informe de OLACDE deja claro que la expansión minera no es gratuita en términos energéticos. La minería del cobre enfrenta una creciente demanda energética debido a la disminución de las leyes minerales, lo que obliga a procesar mayores volúmenes de material para obtener la misma cantidad de metal. Esto incrementa el consumo eléctrico en procesos como chancado, molienda, bombeo y desalación de agua.
En Argentina, donde los grandes proyectos de cobre se ubican en la cordillera de San Juan y Salta —zonas de alta altura y estrés hídrico—, este factor es determinante. Las plantas de desalinización, los sistemas de bombeo en yacimientos profundos y los procesos de flotación de minerales de baja ley conformarán una demanda eléctrica sin precedentes para esas regiones.
El litio, por su parte, incorpora sus propias exigencias. Las plantas de carbonato y cloruro de litio en el NOA —Jujuy, Salta y Catamarca— requieren energía continua y de alta confiabilidad para sus procesos de evaporación, purificación y secado. Durante 2024, Argentina produjo alrededor de 70.000 toneladas de carbonato de litio, con la entrada en operación de nuevos proyectos en Salta que se sumaron a los ya activos en Jujuy y Catamarca. Escalar esa cifra de forma sustantiva exige una infraestructura eléctrica que hoy no existe en esas zonas.
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El potencial solar y eólico del país puede ser la clave para una minería de baja huella de carbono.
El potencial renovable: la ventaja competitiva
Según OLACDE, América Latina tiene la oportunidad de consolidarse como proveedor global de minerales críticos y también de desarrollar una minería con menores emisiones, aprovechando su potencial de energías renovables.
Argentina reúne condiciones excepcionales en ese sentido. La Patagonia concentra uno de los recursos eólicos más importantes del planeta; el norte del país —justamente donde operan los proyectos de litio— dispone de una de las irradiaciones solares más altas de América del Sur. Esa combinación, bien aprovechada, permitiría abastecer la demanda creciente del sector minero con energía limpia y a costos competitivos.
El desarrollo del litio y el cobre, junto al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), podrían multiplicar por cinco las exportaciones hacia 2032, consolidando al país en la transición energética global. El RIGI garantiza estabilidad normativa, beneficios fiscales y aduaneros, y un entorno predecible para inversiones de largo plazo —condiciones que los grandes proyectos mineros exigen antes de comprometer sus inversiones.
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Josemaría, Los Azules y Taca Taca: el cobre argentino podría superar US$ 11.000 M anuales.
Desafíos estructurales que no se pueden ignorar
OLACDE identifica desafíos estructurales para la industria minera y energética: la disponibilidad hídrica, la presión ambiental, la necesidad de fortalecer infraestructura crítica y el desarrollo de marcos regulatorios que permitan compatibilizar crecimiento económico, sostenibilidad y seguridad energética.
Para Argentina, esos desafíos son concretos y urgentes. El agua es un recurso escaso en las zonas mineras del norte y de la cordillera; la infraestructura de transmisión eléctrica es deficitaria en las provincias productoras; y la tensión entre comunidades locales, gobiernos provinciales e inversores privados demanda marcos de gobernanza sólidos.
En palabras del secretario ejecutivo de OLACDE, Andrés Rebolledo: "La transición energética requiere seguridad en la provisión de los minerales críticos, y es aquí donde ALC deja de ser un espectador para convertirse en protagonista. Con las mayores reservas de litio y cobre del planeta, nuestra región cuenta con el 25% de la producción de todos los minerales estratégicos en este proceso de transformación".
Argentina, con su cartera minera en expansión y su potencial renovable sin explotar, tiene en sus manos una parte decisiva de esa ecuación. La pregunta no es si el país será protagonista de la minería de la transición energética —los números ya lo confirman—, sino si tendrá la infraestructura energética, el marco regulatorio y la planificación sectorial para sostener ese protagonismo sin convertir la oportunidad en un cuello de botella.
FUENTE: OLACDE