La columna vertebral de esta riqueza energética es, sin discusión, la formación Vaca Muerta, donde el desarrollo del shale gas desplazó a los recursos convencionales como fuente primaria. Mientras las cuencas maduras del país —como la Austral, San Jorge o Noroeste— ven caer sus reservas, la cuenca neuquina crece año tras año. De hecho, más del 76% de los recursos técnicamente recuperables estimados provienen de Neuquén.
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La planta compresora de Salliqueló permitirá darle más capacidad de transporte al gas de Vaca Muerta.
A diciembre de 2023, los volúmenes descubiertos (reservas remanentes y recursos contingentes) y los prospectivos (no descubiertos pero altamente probables) sumaban 273,75 TCF, pero al descontar el consumo interno proyectado —30,6 TCF en 15 años— queda esa cifra clave: 243,15 TCF disponibles para el largo plazo, según indica la Declaración de Disponibilidad de Recursos Gasíferos publicada por la Secretaría de Energía de la Nación.
Los escenarios con exportación de GNL
Según el análisis oficial de escenarios, en un caso conservador donde se mantiene el consumo actual (41.167 millones de m³ anuales) y exportaciones modestas, el gas argentino alcanzaría para 162 años.
Pero en el escenario de máxima inversión y desarrollo exportador, con consumo doméstico estable y fuertes ventas al exterior (con 80 millones de m³/día de GNL), los recursos durarían 63 años. Esta proyección es la que guía al gobierno y a la industria petrolera: una Argentina que se transforma en exportador global de GNL.
El potencial es inmenso, pero no automático. Para que la producción pueda transformarse en exportación sostenida, el país debe resolver cuellos de botella en el transporte. Actualmente, la capacidad de los gasoductos limita la expansión, que obliga a importar GNL en invierno, lo que encarece el abastecimiento y resta competitividad.
En 2024, la producción nacional superó los 50.700 millones de m³, con más de 8,9 millones de usuarios residenciales conectados a la red y un entramado de 16.000 km de gasoductos operados por TGN y TGS que aseguran la distribución del fluido.
Inversiones en gasoductos
Bajo un escenario de inversión razonable y ampliaciones previstas en la infraestructura de transporte hasta 2028, la Argentina podría satisfacer su demanda interna y exportar GNL de manera sostenida.
Una de ellas está planificada para en 2026 en el sistema del gasoducto Perito Moreno (ex Presidente Néstor Kirchner), cuya licitación fue lanzada la semana pasada por el gobierno nacional, bajo el esquema de iniciativa privada. También se esperan obras sobre los gasoductos Centro Oeste y Reversión Norte, en 2028, y nuevas expansiones del Neuba II y otras redes troncales. Sin embargo, más allá de 2028 no hay proyectos comprometidos.
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El gobierno y las empresas evalúan modificar la traza del segundo tramo del GPNK.
La infraestructura es vital para exportar GNL, el gas natural licuado que se transporta en buques a los mercados lejanos. El plan oficial prevé instalar una terminal flotante de licuefacción en 2027 del consorcio Southern Energy y sumarle otras unidades progresivamente. Aun en el escenario de baja inversión, esto permitiría exportar decenas de millones de metros cúbicos por día. Hacia fines de este año las compañías involucradas en el proyecto definirán la construción de un gasoducto dedicado entre Neuquén y el Golfo San Matías.
Hoy, Argentina ya exporta gas a Chile, Brasil y Uruguay, y prevé ampliar esa presencia. Pero para jugar en las grandes ligas del GNL, necesita decisiones que trasciendan gobiernos. La rentabilidad está, los recursos también; faltan reglas claras y previsibilidad, que se intentan brindar con el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI).
El mercado mundial del GNL
El mercado internacional de GNL está en expansión: Europa busca reemplazar el gas ruso, Asia incrementa su consumo, y Estados Unidos —aunque líder en exportaciones— necesita aliados en el hemisferio sur. En ese tablero, Argentina tiene con qué competir con recursos abundantes, de bajo costo y que pueden producirse con huella de carbono reducida si se combinan inversiones en eficiencia y energías renovables.
La crónica energética argentina, sin embargo, no se escribe sola. La voluntad técnica choca a menudo con la volatilidad política y la inestabilidad macroeneconómica que impide sostener una visión estratégica a largo plazo.