Ardill participó en el panel “Exploración en la Década de la Demanda”, donde se analizó cómo satisfacer el crecimiento sostenido del consumo global, impulsado por el desarrollo económico, la electrificación y el sostenido -y creciente- apetito energético de los centros de datos y la propia IA.
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El Bloque Stabroek, operado por ExxonMobil, convirtió a Guyana en una potencia petrolera.
Del descubrimiento a la producción
El caso de Guyana aparece como el gran ejemplo de éxito reciente. Desde el primer petróleo en 2019, ExxonMobil y sus socios lograron escalar la producción hasta acercarse al millón de barriles diarios. Según Ardill, el ingrediente clave no fue solo la calidad del recurso offshore, sino la alineación entre gobierno, reguladores e inversores. “Cuando eso está en su lugar, se puede pasar de descubrimiento a producción en pocos años”, destacó.
La compañía dio otro paso tecnológico relevante: perforó su primer pozo completamente autónomo en Guyana. “Ningún perforador tocó los controles. Todo se hizo con IA, incluyendo el geosteering en la sección del reservorio”, explicó Ardill. El resultado superó en performance y precisión a los métodos tradicionales.
No es un caso aislado. ExxonMobil ya aplica machine learning y deep learning para procesar enormes volúmenes de datos sísmicos en días en lugar de meses, lo que permite identificar con mayor rapidez y certeza los mejores sitios para perforar.
Estados Unidos, con su desarrollo de shale, sigue siendo el gran benchmark. Ardill lo describió como un “sweet point” por la combinación de recurso de calidad, infraestructura consolidada, cadena de suministro madura y un marco regulatorio que permite escalar con rapidez. Replicar ese modelo en otros países requiere mucho más que buen subsuelo: estabilidad de reglas de juego, agilidad en permisos y un ecosistema que acompañe la inversión.
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FOTO DE ARCHIVO: ExxonMobil sigue creciendo en Guyana.
La hoja de ruta de ExxonMobil
El mensaje llega en un momento en que las disrupciones en el suministro se volvieron casi habituales —una cada 12 a 18 meses, según graficó el ejecutivo— y donde la demanda no afloja. La IA aparece como doble filo: genera una nueva ola de consumo eléctrico, pero al mismo tiempo ayuda a optimizar la exploración y producción.
Para países como Argentina, con Vaca Muerta como principal motor, el debate tiene resonancia directa. La necesidad de predictibilidad regulatoria y alineación política que resalta ExxonMobil en Guyana y en el shale americano coincide con los esfuerzos locales por atraer capital bajo marcos de incentivos. Las grandes operadoras miran con atención cómo las majors combinan tecnología de frontera con entornos de negocio estables.
Ardill cerró su intervención con un tono optimista para el sector: “Nunca ha habido un mejor momento para entrar en esta industria, ya seas geólogo, ingeniero o trabajes en ciencia de datos”. Y remató: “No hay mejor momento para explorar. Adelante”.