Sin eso, les dice, el desarrollo de los no convencionales tal como se los conce hasta ahora y los niveles de empleo son poco menos que inviables.
Hace unos 15 días, en medio de las negociaciones que ya mantenían la petrolera y los sindicatos, el CEO Sergio Affronti jugó la carta de los equipos que ahora llegan, parte de un plan de 45, entre ellos 12 perforadores, que ingresarán a bloques en su mayoría no convencionales hasta el primer trimestre del 2021.
Por entonces, el gremio ya reclamaba una suba del 16,2%, una cláusula gatillo inflacionaria pendiente de la paritaria 2019.
El secretario general del Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Neuquén, Río Negro y La Pampa, Guillermo Pereyra había realizado el reclamo cuando todas las operadoras nucleadas en la CEPH (la cámara de empresas productoras) se abroquelaron detrás de la compañía nacionalizada respaldando su pedido de mayor productividad, algo que el gremio había visto como un avance sobre el convenio colectivo de trabajo.
Sin respuesta a ese pedido, el Sindicato lanzó una advertencia de paro. Fueron a una reunión con las empresas en las que les expresaron que no tenían certezas sobre la política energética, en medio del freno a pagos millonarios de la producción de gas que el gobierno nacional había frenado.
Ocurrió lo que era una fija: una amenaza de paro ante la negativa de aumento y la conciliación obligatoria. Pereyra dijo esta semana que las productoras quieren vincular ahora la suba del 16,2% a la productividad en los yacimientos. No hubo acuerdo en esa primera audiencia, que se reeditará el miércoles próximo.
Ahora YPF retoma la iniciativa: dio un nuevo paso hacia algo que el propio Pereyra reclamó una y otra vez en los últimos 15 días. Que suban equipos, que miles de empleados puedan volver a sus puestos de trabajo.
La petrolera juega esa nueva carta en la mesa de discusión y ahora la pelota está del lado del gremio: "Ratificando nuestro compromiso tras la firma del acuerdo, el cual no está cumplido en su totalidad por el sindicato, hemos puesto en operación 3 equipos de perforación, 1 set de fractura, 2 Workovers y 5 unidades auxiliares, totalizando 11 equipos petroleros, lo cual representa más del 50 % de la actividad de la industria en la provincia”.
La frase es de Pablo Iuliano, el vicepresidente de No Convencional de YPF, que viene negociando con Pereyra desde hace dos meses, ese lapso en que la compañía le hizo saber acerca de las necesidades que tiene por el impacto de la crisis histórica que atraviesa la industria.
El propio Iuliano fue el encargado de hacer pública una nueva invitación al diálogo, en una entrevista que le concedió a +e el mes pasado, cuando las cosas tendían a complicarse.
Ayer, en uno de los peores contextos desde que se inició la profundización de la crisis en el sector petrolero atada a la pandemia, la empresa movió otra pieza en el tablero de negociaciones.
Afirma que implica el desembolso de unos 50 millones de dólares. Para otro momento de YPF sería una erogación significativa pero no tanto como lo es para la de esta conducción (la petrolera, en un año malo como el 2019, invirtió 1900 millones de dólares en el upstream de Vaca Muerta). La compañía capea más que nunca un temporal en el que cada dólar cuenta, en un contexto en el que la caída de la demanda de combustibles, su principal nicho de negocios, le pone una presión adicional.
Por eso la llegada de tres perforadores –otro dato que muestra el nivel de la crisis actual en la industria- es una jugada que tiene impacto en la negociación que retomarán el miércoles. Por un lado los sindicatos de todo el país, con el que conduce Pereyra de forma excluyente, y por el otro las petroleras, con YPF a la cabeza. Es una negociación con más en juego de lo que se ve en la superficie. Se trata del nivel de actividad posible que tendrá Vaca Muerta cuando la salida de la pandemia, y del actual ciclo de crisis económica, permitan capitalizar las chances que muestra el shale de Neuquén.