El mercado mayorista (Spot) reflejó esta tensión. El precio de la energía no regulada se consolidó en 168,6 u$s/MWh. Este valor representa un 80% más que el precio promedio del mercado asignado, y evidencia el estrés del sistema para sostener el abastecimiento sin trasladar el impacto total a las facturas.
Fuente: RICSA ALyC en base a datos de Cammesa.
Radiografía de los subsidios por ingresos
El impacto de los costos difiere drásticamente según el nivel socioeconómico de los hogares. El esquema de segmentación muestra una dispersión enorme en la cobertura de julio:
-
Sectores de menores ingresos (Base Subsidio): Reciben un 80% de asistencia estatal y pagan apenas el 20% del costo real de la energía.
-
Sectores de altos ingresos (Sin Subsidio): Cubren el 54% de la energía que consumen, mientras el Estado aporta el 46% restante.
-
Usuarios intermedios (Excedente con Subsidio): Mantienen la misma cobertura del 54% para los consumos que superan el bloque básico protegido.
La evolución anual marca un claro retroceso en la política de normalización tarifaria. Abril registró el nivel más bajo de subsidios del año (31%). Desde entonces, la tendencia se revirtió: mayo (46%), junio (54%) y julio (65%) acumularon tres meses de incremento sostenido en la brecha financiera.
La presión sobre la matriz de generación
El invierno argentino jugó su papel en la ecuación. Aunque las temperaturas en el Gran Buenos Aires promediaron los 12,5 ºC (ligeramente por encima de la media histórica), la estacionalidad impulsó un aumento interanual del 1,3% en la demanda residencial para calefacción.
Para responder a este consumo, el sistema operó con un mix de generación exigido. La energía hidráulica mostró un desempeño excelente y creció un 22,9% respecto al año anterior. Sin embargo, este aporte resultó insuficiente para desplazar a la generación térmica.
Las usinas térmicas, dependientes de los costosos hidrocarburos importados, aumentaron su producción un 1,9% interanual. Al mismo tiempo, las importaciones de energía cayeron un 32,3%. El país dispuso de menos alternativas de abastecimiento externo barato, situación que encareció el costo monómico del sistema y forzó una mayor inyección de fondos públicos.