Lógicamente, el petróleo lideró la locomotora energética con un incremento de las ventas externas del 25% para llegar a 3.177 millones de dólares. Muy por detrás se ubicó el gas con 364 millones (una caída interanual del 10%), las naftas con 245 millones y los butanos licuados con 168 millones.
Cómo se comportaron las importaciones
Así, todas las exportaciones energéticas aumentaron un 15,2% y totalizaron los 4.630 millones. La mejora de la balanza también se explicó por una baja de importaciones del 25% al pasar de 1.952 millones a 1.463 millones.
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Acá, los productos más demandados fueron el gasoil con 504 millones (17,7% menos que en 2024), el GNL con 263 millones (-4,2%), las gasolinas con 261 millones (176%) y el gas en estado gaseoso con sólo 15 millones, lo que implicó un desplome del 95% al eliminar prácticamente las importaciones a Bolivia.
Una dinámica similar se observó si contamos solamente al mes de junio. Acá, el país tuvo un saldo comercial positivo de 906 millones, a pesar del salto importante de compras externas del orden del 36% que muestra los efectos del atraso cambiario.
Una señal de alarma
En cambio, solo la energía explicó un superávit de 739 millones tras el salto del 74% de las exportaciones y la caída del 58% en las importaciones.
"Incluso con la corrección del tipo de cambio real de 10% entre junio y julio, todo apunta a una reducción del superávit comercial esperado para 2025 al entorno de los USD 6.000 M aproximadamente para este año, un tercio de lo registrado el año pasado(cuando llegó a USD 18.928 M)", indicaron desde la consultora ABECEB.
"Junio fue un buen mes para el complejo energético. Esto ocurrió incluso pese a fuertes tensiones internacionales en el mercado de petróleo en el contexto de un conflicto entre Israel e Irán por buena parte del mes", agregaron.