Según informó Reuters, la compañía anglo-holandesa está abierta a desprenderse de algunos o incluso de todos sus activos en la Cuenca Neuquina. Se trata de activos altamente codiciados dentro del mercado energético global, con una valuación que podría ubicarse en el orden de los miles de millones de dólares.
La agencia informó que no existe una estimación cerrada sobre el valor de los activos, ya que parte de las áreas aún no están desarrolladas y el contexto de precios internacionales del petróleo y el gas introduce un alto grado de volatilidad. Además, advirtieron que la operación no está asegurada y que Shell también podría optar por conservar su posición en Argentina.
Una eventual venta total significaría una salida sorpresiva de uno de los primeros grandes jugadores internacionales que apostaron por Vaca Muerta, justo cuando el interés por el shale argentino vuelve a intensificarse. Este renovado atractivo está vinculado, en parte, a la percepción de que otros grandes plays, como el Permian en Estados Unidos, comienzan a mostrar señales de madurez.
Asimsimo, Reuters detalló que el análisis de Shell se produce poco después de su decisión de retirarse del proyecto Argentina LNG, luego de que YPF redujera a la mitad la capacidad prevista del desarrollo. En ese contexto, la revisión de su portafolio en Vaca Muerta aparece alineada con una estrategia más amplia de reordenamiento de activos a nivel global.
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La llegada de Shell a Vaca Muerta
Shell desembarcó en Vaca Muerta en 2012 y, desde entonces, consolidó una presencia relevante. Actualmente posee cuatro bloques con participación mayoritaria y opera áreas clave, además de contar con participaciones minoritarias en otros tres bloques operados por YPF. Según su último reporte anual, la producción de la compañía en Argentina alcanzó los 15,6 millones de barriles durante 2024.
Desde la llegada de Wael Sawan como CEO en 2023, Shell avanzó en la venta de distintos activos considerados no estratégicos, con el objetivo de mejorar su desempeño financiero tras resultados decepcionantes en su apuesta por una transición acelerada hacia energías renovables. En las últimas semanas, Reuters también informó sobre la intención de la compañía de salir del campo petrolero al-Omar, en Siria, y sobre la exploración de alternativas para desprenderse de su participación en proyectos de GNL en Canadá.
Pese a las dificultades, Vaca Muerta continúa siendo vista como uno de los desarrollos de shale más atractivos a nivel global. Según especialistas del sector, apenas cerca del 8% del área total se encuentra actualmente en producción, una cifra muy inferior a la del Pérmico estadounidense, intensamente explotado desde hace más de dos décadas.
Datos del gobierno de Estados Unidos estiman que Vaca Muerta concentra el segundo mayor recurso de gas de esquisto del mundo y el cuarto en petróleo no convencional. Ese potencial explica el creciente interés de compañías con necesidades de inventario a largo plazo.
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Vaca Muerta en la mira: Shell sondea compradores y podría reordenar su portafolio global.
Intereses marcados
A comienzos de este mes, Continental Resources, del empresario estadounidense Harold Hamm, adquirió participaciones minoritarias en cuatro bloques de Vaca Muerta que pertenecían a Pan American Energy, y definió a la formación como “una de las obras de esquisto más convincentes del mundo”.
No obstante, el desarrollo enfrenta desafíos estructurales. La baja de los precios internacionales del crudo, los costos de perforación más elevados y las limitaciones en infraestructura de transporte siguen siendo factores de presión. En comparación con el Pérmico, perforar un pozo en Vaca Muerta resulta alrededor de un 35% más caro, según reconoció recientemente un directivo de Chevron.
Aun así, analistas del sector sostienen que los activos de Shell en la cuenca neuquina presentan economías sólidas, con puntos de equilibrio por debajo de los 50 dólares por barril Brent, lo que los mantiene competitivos frente a otros desarrollos de esquisto a nivel global.