La escala proyectada apunta, por un lado, a cerrar la brecha entre el barril criollo que hoy se comercializa en torno a los 65 dólares y un export parity que promedia los 70 dólares.
Se trata de una señal que se le quiere dar al mercado para incentivar las inversiones y lograr un salto de exportaciones cuanto antes para solucionar el problema de restricción de divisas que afecta a la economía.
Hasta ahora, todos los aumentos autorizados apuntaron a ese sentido y no a recomponer el atraso de impuestos, algo que empezaría a suceder en febrero.
El cálculo que hacen en la Casa Rosada es que se necesita un aumento del 15% para actualizar estos tributos que les otorgan un fuerte ingreso a las arcas públicas.
Sin embargo, a diferencia de la recomposición del barril que se hizo a gran velocidad, la suba por el componente impositivo se fraccionaría en tres meses para amortiguar el impacto.
Así, en el Gobierno confían en alcanzar en abril un precio de la nafta super de 1,1 dólares el litro y de 1,3 dólares en gasoil, con una brecha un 20% más cara en los grados premium.
Algo a considerar es que cualquier incremento en el Brent, suba del dólar o en los biocombustibles afectará esta relación y obligará a nuevos incrementos. Algo que ya está descontado es que la inflación del primer trimestre del 2024 será muy elevada, lo que obligará a una corrección importante del ICL el 1° de junio.