ver más

Dune Express: el proyecto que sacó los camiones de las rutas de Permian

El incremento de accidentes, el tránsito lento y el deterioro de las rutas fueron algunos de los inconvenientes que generaba el shale estadounidense. Un proyecto espejo para Vaca Muerta.

Los camiones cargados de arena silíceas era una postal que se repetía en el oeste de Texas. El tránsito lento, el incremento de polvo y el aumento de accidentes fueron un combo que genera inconvenientes en las vías de comunicación de Permian. Nadie discutía que había que abastecer los pozos. Lo que empezaba a discutirse era si esa era, realmente, la única forma de hacerlo.

La roca madre de Estados Unidos necesita una gran cantidad de arena para poder mantener su liderazgo en la industria petrolera a nivel mundial. Ese insumo, conocido como proppant, se movía casi exclusivamente en camiones desde las minas hasta cada locación. La ecuación es simple: cuanto más crece la producción, más crece también el tránsito.

El dato que más incomodaba a los vecinos de la zona era que en algunos caminos de un solo carril, cerca de la mitad del tráfico correspondía a entregas de arena. La cantidad usada por pozo había aumentado dos tercios desde 2017, lo que multiplicó los viajes necesarios por cada locación en producción.

Bud Brigham, uno de los fundadores de Atlas Energy Solutions, fue uno de los pocos que puso el problema sobre la mesa. Los accidentes y las muertes vinculadas al transporte en rutas comerciales ya no era tolerable. Había que cambiar el modelo de logística petrolera, y había que hacerlo en serio.

La cinta de U$S 400 millones que le cambió la cara al fracking en Permian.

Una cinta de 68 km y U$S 400 millones

La respuesta llegó en forma de infraestructura, no de promesa. Atlas empezó a construir en 2021 una cinta transportadora de unos 68 kilómetros entre su mina en Kermit, Texas, y el condado de Lea, ya del lado de Nuevo México. La bautizaron Dune Express.

La inversión fue de 400 millones de dólares, una cifra que en su momento generó tanto asombro como escepticismo dentro de la industria. El sistema, completamente eléctrico, tiene capacidad para mover hasta 13 millones de toneladas de arena por año y cuenta con puntos de carga distribuidos a lo largo de todo el recorrido.

Es, según los registros disponibles, la segunda cinta transportadora más larga del mundo, solo detrás de una que traslada fosfato en el Sáhara Occidental. La primera entrega comercial del Dune Express se concretó el 12 de enero de 2025, después de más de cinco años de planificación.

Lo que cambió en las rutas del Permian

El camión no desapareció del todo, pero su rol cambió por completo. La cinta transporta la arena a lo largo del trayecto más largo y descarga el material en silos cerca del límite entre Texas y Nuevo México. Desde ahí, sí, los camiones hacen el tramo final hasta cada pozo.

Ese cambio, sin embargo, tuvo impacto medible. Hacia fines de 2025, Atlas reportó haber eliminado más de 33.796.224 kilómetros en camión en la Cuenca Delaware desde el arranque del sistema, apenas once meses antes. En noviembre de ese año se movió un récord mensual de 760.000 toneladas.

Los números financieros acompañaron esa curva. La compañía proyectó márgenes de logística de arena superiores al 20% para 2025, y cerró el año con un EBITDA ajustado de 221,7 millones de dólares sobre ingresos de 1.100 millones de dólares, veinte puntos de margen sobre el total del negocio.

Vaca Muerta apunta a las arenas de cercanía para abaratar los costos de las operaciones del shale.

El camión no desapareció, se transformó

Lo interesante es que la automatización no se detuvo en la cinta. Atlas sumó camiones autónomos de la empresa Kodiak para cubrir ese último tramo, el que va desde el final del Dune Express hasta la locación. Hoy operan sin conductor en caminos privados, con planes de escalar la flota hacia 2027.

Ese combo de cinta más camión autónomo generó una cadena que va casi sin intervención humana desde la mina hasta el borde del pozo. Para una industria acostumbrada a resolver todo sobre ruedas, es un cambio de paradigma que otros jugadores, como PropX o Black Mountain Sand, ya empezaron a mirar de cerca.

La apuesta no estuvo exenta de riesgos técnicos: la arena desgasta las cintas más rápido que otros materiales, y el mantenimiento de un sistema de 68 kilómetros expuesto al clima del desierto texano no es una tarea menor para ningún equipo de ingeniería.