El gasoducto Tratayén–San Antonio Oeste, de la empresa San Matías Pipeline, representa mucho más que infraestructura: integra la producción gasífera de Vaca Muerta —la segunda reserva de gas no convencional del mundo— con la costa atlántica, habilitando una ruta directa hacia los mercados internacionales. La obra apunta a consolidar a Río Negro como nodo energético de escala nacional, con capacidad exportadora y encadenamiento productivo en el Golfo San Matías.
Gas para la producción y el empleo regional
Entre los objetivos centrales del proyecto figura la ampliación de la infraestructura gasífera existente para garantizar el abastecimiento en desarrollos productivos y exportadores. En particular, el gasoducto acompañará las iniciativas vinculadas al Gas Natural Licuado (GNL) en el Golfo San Matías, un segmento de alto valor estratégico que demanda volúmenes firmes y continuidad en el suministro.
La obra también apunta a generar nuevas oportunidades de inversión, empleo y crecimiento en una región históricamente relegada de los grandes corredores industriales del país. La conexión entre la cuenca neuquina y la costa patagónica tiene potencial para dinamizar cadenas de valor locales y atraer capitales privados al sector.
En paralelo al avance del proyecto, el proceso de evaluación de impacto ambiental opera con controles técnicos en terreno. Estas instancias permiten analizar las condiciones del entorno natural, anticipar afectaciones y definir medidas de mitigación en cada etapa constructiva. El Gobierno de Río Negro sostiene que el resguardo de los recursos naturales es una condición no negociable del esquema de desarrollo propuesto.