No fue fácil: Gutiérrez se pasó ocho meses “haciendo la ronda” con todos los cuadros ministeriales, en una etapa en la que también el neuquino y parte de su entorno de ministros buscó decir qué podía ser bueno y qué podía ser malo para el país en el sector petrolero, algo de lo que acaso puedan tener cosas para decir como pocos políticos argentinos.
La pandemia, y la seguidilla de videoconferencias entre ambos, y la construcción de una agenda en común comenzaron a definir el trazo fino de una relación que parece ser de las mejores que haya establecido el presidente con un gobernador.
De hecho, fue lo que dijo en su paso por Villa La Angostura, para resquemores de la interna del PJ vernáculo (y no tanto), que refunfuña todo lo que no se atreve a decirle al presidente cuestionando al gobernador.
“Vaca Muerta será central”. Fernández dijo eso cuando un periodista de LM Neuquén le preguntó por el día después de un hipotético rol del shale en la recomposición de la economía.
Para Gutiérrez, reforzar ese vínculo con la administración central será primordial. En medio de la caída económica por el coronavuris y el lastre local, trata de reforzar una relación que le abre puertas para conseguir respuestas. Si el shale puede llegar a ser importante, para Neuquén significará poder poner primera en su nivel de actividad, ya con miras al día después de la vacuna.
Claro, está la macroeconomía. Fernández se juega una carta fuerte en eso también sobre todo el próximo año, en las elecciones de medio término. Rumbo a eso, construye capital político y sienta las bases para una buena convivencia con un gobierno y la historia de un partido que, salvo excepciones, suele mostrarse del lado de las soluciones cuando eso incluye beneficios en común. Y el futuro de Vaca Muerta se inscribe en eso.