Los antecedentes están a la vista: la omnipresencia en toda la cadena industrial petrolera de la compañía también fue fundamental para el despegue.
Después de todo, recién entrado el 2016, el resto de las empresas dejaron de tener los brazos cruzados y se prendieron a la realidad de una producción shale que, a partir de Loma Campana y El Orejano, dio muestras suficientes acerca del potencial y los desarrollos que ya nadie podría cuestionar con datos de la realidad.
Los nombres y los padrinazgos políticos abundaron en los dos últimos meses. Desde Miguel Galuccio hasta Guillermo Nielsen, pasando también por Sergio Massa. YPF queda en estas discusiones como parte de un botín. A la lista ahora se agrega el nombre de Jesús Grande, que cuenta con el repentino respaldo del líder del principal gremio petrolero, Guillermo Pereyra. Excepto el senador del MPN, nadie se atribuye públicamente los posicionamientos, que plantean un abanico impreciso y grande de posibilidades para la empresa.
Al mismo tiempo, no hay nada claro acerca del actual presidente de la compañía, Miguel Gutiérrez, quien acaso estaría dispuesto a continuar en el cargo si le garantizaran las condiciones que propiciaron parte de lo mejor de su gestión.
Por lo pronto, el directivo hace una lectura del momento y mueve algunas fichas. En la empresa dicen hoy que hablan con todos los sectores políticos. El argumento: despertar conciencia sobre el momento histórico que implica el desarrollo de Vaca Muerta. Y al mismo tiempo, decir algunas cosas sobre la actual coyuntura que también afecta a la petrolera controlada por el Estado. YPF entró en modo alerta. El barril congelado y el efecto del “reperfilamiento” de la deuda suman un ingrediente que le impide renovar préstamos que venía renovando. Así, dejó latente la chance de bajar la inversión en Vaca Muerta, algo que puede ser leído también como crítica actual mirando hacia el futuro, al margen de ser un argumento real.
Quizás lo más claro hoy sea lo que no debiera suceder, en tren de volver a la danza de nombres y un eventual recambio de autoridades. La petrolera ha sido un vector central de lo bueno en la industria, protagonizando el salto y la apertura de mercados desde su nacionalización.
La chance actual para el país solo fue posible con ese rol protagónico, como se plantea más arriba, algo que excede en parte a los nombres que estuvieron adelante, si bien fueron determinantes, y se vincula más con las decisiones políticas. Sí, otra vez la centralidad de la política en lo bueno y lo malo.
En este punto, fuentes de la industria coinciden en señalar que lo trascendente es garantizar esa fuerte impronta de innovación y crecimiento tecnológico, y la incidencia de ese semillero de ingenieros en los campos petroleros y en las líneas de conducción. Todos en el sector y en algunos ámbitos políticos saben lo determinantes que fueron en el despegue de áreas que en un principio actuaron como laboratorio, avalados por una conducción política que supo comprender el momento histórico y el margen de posibilidades que se abría en el horizonte.