¿Por qué la Patagonia y no otro lugar del mundo? Previsiblemente la respuesta no es una sola. Es una suma de ventajas estructurales que, en el contexto del boom de la IA, se vuelven decisivas.
En un repaso rápido, sin dudas, se debe mencionar la abundante energía renovable. La región concentra algunos de los parques eólicos más potentes del hemisferio sur, con factores de capacidad superiores al 40%, y alberga represas hidroeléctricas de escala industrial. Entre ellas, la central Piedra del Águila, sobre el río Limay, con una capacidad instalada de 1,44 GW, operada por Central Puerto —una de las empresas que ya firmó memorando de entendimiento con Sur Energy para proveer energía al proyecto Stargate. Genneia, la mayor generadora de energía renovable del país, también forma parte del esquema de suministro.
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La iniciativa anunciada hace ocho meses por OpenAI junto a Sur Energy evalúa predios en departamento Confluencia.
Por otro lado, la respuesta también debe hacer foco en el territorio y la baja densidad poblacional. Un data center de escala hiperescala requiere espacio para infraestructura, expansión futura, corredores eléctricos y logística. La Patagonia ofrece todo eso sin los problemas de saturación que enfrentan otras regiones. El departamento de Confluencia, en Neuquén, sobre la línea de localidades cercanas al río Limay y el límite con Río Negro, es la locación que el consorcio viene afinando con el gobierno provincial.
El clima frío natural es otra variable clave. La refrigeración representa entre el 30% y el 40% del consumo eléctrico de un data center convencional. El clima patagónico reduce drásticamente ese costo energético, un factor que los operadores globales evalúan desde el primer momento de la selección de sitio.
Finalmente, la conectividad. La región dispone de acceso a tendidos de fibra óptica y conexión a cables submarinos, requisito indispensable para el tipo de latencia que exigen las cargas de trabajo de IA a escala global.
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Centro de datos en un complejo ubicado en Indiana, EE.UU.
La escala del proyecto y sus actores
Sur Energy, empresa fundada por Emiliano Kargieman —cofundador también de la compañía de microsatélites Satellogic— y el recientemente fallecido Matías Travizano, lidera el proyecto como desarrollador de energía e infraestructura. OpenAI actúa como principal comprador de capacidad de cómputo (offtaker), sin asumir directamente la inversión. La primera fase del proyecto —entre USD 7.000 y USD 10.000 millones— tenía como objetivo estar lista en dos años desde el anuncio.
El proyecto se encuadra en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el marco que el gobierno de Javier Milei implementó para atraer capital extranjero en tecnología y energía. Sam Altman, CEO de OpenAI, fue explícito al presentarlo: "Este hito va más allá de la infraestructura. Se trata de poner la inteligencia artificial en manos de la gente de toda la Argentina".
A junio de 2026, ocho meses después del anuncio, los avances públicos son limitados. OpenAI confirmó que "es un proyecto complejo y de largo plazo" y ratificó su intención. En paralelo, Tesla analiza también la construcción de un data center en Neuquén, en asociación con YPF Luz, con una delegación prevista para julio de 2026.
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Brasil, México y Chile lideran el desarrollo de data centers en América Latina.
El contexto global que explica el interés
La Patagonia no aparece en el radar de OpenAI por azar. Stargate Argentina sería el décimo nodo de la red global Stargate —tras proyectos en Texas, Nuevo México, Ohio, Emiratos Árabes Unidos, Noruega y el Reino Unido— y el primero en América Latina. La estrategia refleja una tendencia clara: las grandes tecnológicas buscan distribuir su infraestructura globalmente para reducir riesgos geopolíticos y acceder a energía más barata y limpia.
El driver es la IA. Los servidores optimizados para inteligencia artificial representarán el 31% del consumo eléctrico total de data centers en 2026, según Gartner, con un crecimiento del 84% interanual. Cada entrenamiento de un modelo de gran escala con ocho GPUs avanzadas durante ocho horas consume 62 kWh —con los chips al 93% de utilización promedio—, según el Congreso de EE.UU. A esa escala multiplicada por millones de ejecuciones diarias, la disponibilidad de energía firme, limpia y económica se convierte en el cuello de botella más crítico del negocio.
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Comunidades locales denuncias cortes de agua y problemas de suministro eléctrico.
Tensiones tras el entusiasmo
El debate en Argentina no es solo sobre oportunidades. Hay cuestiones ríspidas que requieren un análisis detallado. Para empezr, los data centers de esta escala requieren millones de litros de agua dulce para refrigeración. La Patagonia ya enfrenta estrés hídrico, con ríos en caudales históricamente bajos. Ese consumo se sumaría al de Vaca Muerta, donde la actividad de fracking acumuló 17.300 pozos en 2025 con un consumo estimado de más de 1.038 millones de m³ anuales.
Por otro lado, el empleo. Estos proyectos generan miles de puestos durante la construcción, pero en operación una instalación de esta escala emplea entre 50 y cien personas de manera permanente. El RIGI no impone obligaciones sobre empleo nacional.
Para terminar, oro tema complejo es la regulación ausente. Brasil exige 100% de energía sustentable para otorgar beneficios fiscales a data centers (régimen REDATA). Chile tiene un Plan Nacional de Data Centers 2024–2030. Argentina no tiene regulaciones específicas para este tipo de instalaciones: solo beneficios fiscales sin condiciones de sostenibilidad, eficiencia hídrica ni compromisos de I+D local.