El relevamiento al que accedió +e, arroja números aún inquietantes en un contexto de voluntad de reactivación. De las 44 empresas del sondeo, 30 -que representan el 68%- contestaron que tuvieran que hacer frente a las deudas con capital propio, de sus reservas de ganancias. Otras 24 compañías -el 54,5%- aseguraron que tuvieron que tomar créditos y endeudarse con el sistema financiero para hacer frente el pago de proveedores y salarios durante la cuarentena.
Además, 18 empresas -que representan el 44%- respondieron que tuvieron que postergar le pago de impuestos y obligaciones fiscales (AFIP, Rentas, Inmobiliario, etc) debido a que no fue posible facturar en los meses de la caída de la a actividad, como en abril, donde la mayoría de las pymes no realizó siquiera trabajos de mantenimiento.
También 15 empresas -el 24%- tuvieron que liquidad y deshacerse del capital (vehículos, maquinarias y herramientas y tráileres) para poder hacerse de dinero fresco y afrontar el pago de los salarios.
La realidad es que sólo 2 de las 44 pymes consultadas -el 4,5%- no tuvieron problemas de financiamiento durante estos meses de confinamiento, que representan una minoría dentro clara dentro de Ceipa.
Otra variable de las empresas consultada por Ceipa dentro del sondeo fue el nivel de actividad en septiembre, comparados con los tres primeros meses del año, en el período previo a la cuarentena por la pandemia.
Respecto a ese punto, el 29,5% de las pymes contestó que el nivel de actividad en este mes fue cercano al 50%. Es decir que la facturación de septiembre de 3 de cada 10 empresas consultadas aún no alcanza la mitad de lo que fue durante el verano. Otro 27,5% contestó que el nivel fue menos del 50% pero muy cercano al 20.
No obstante, hubo un dato que fue más dramático: el 11,7% de las empresas consultadas (5 pymes) contestó que no tuvo ninguna tipo de actividad en la prestación de servicios para Vaca Muerta.
Respecto a las tarifas de septiembre, el 56,8% de las 44 empresas contestó que los clientes han solicitado una reducción de los precios para poder seguir facturando. Es decir, que el escenario es mucho más complejo, porque a la caída de la facturación, los clientes suman un pedido de reajuste, porque no pueden pagar los valores que se cobraban antes de la cuarentena.
También el 31,8% de las empresas sostuvo que no logró aumentarlos precios de las tarifas. En suma: un escenario distorsivo de descapitalización y pérdidas, que aún no remonta con las promesas de reactivación.
Volver a la actividad muy lento
Hasta febrero de este año, las pymes venían con algunos avatares: se sintió la caída de la actividad desde agosto de 2019, por el congelamiento en el precio de los combustibles y algunas operadoras empezaron a prolongar los pagos. Las demoras de más de 90 días era el inicio de una larga crisis.
En abril, las etapas de fractura en Vaca Muerta cayeron a cero y las empresas asociadas al fracking tuvieron nula actividad. Se empezaron a gestionar los ATP a Nación pero muchas compañías empezaron a vender activos para sostenerse. Además, las operadoras entraron en un parate total.
Desde el 18 de mayo, las productoras de crudo entraron en el plan B de la exportación por el precio sostén de 45 dólares. Se iniciaron los protocolos por la pandemia y algunas pymes volvieron a facturar de a poco.