Asimismo, destacó que la experiencia más cercana es Brasil y la más reciente es Guyana, donde ya hay dos sistemas de producción que están en el orden de 250 mil barriles por día.
El ingeniero consideró que el proyecto permitirá aumentar el desarrollo de la industria hidrocarburífera en el país. “No se trata de elegir entre Vaca Muerta y el offshore. No es una cosa o la otra. Son ambas. Vaca Muerta es un desarrollo no convencional donde para producir, por ejemplo, 500 mil barriles por día se necesitaría por lo menos 5 mil pozos. En cambio, en el offshore se necesitarían menos. La relación sería 8 mil pozos en Vaca Muerta significarían 8 pozos en offshore”, comparó.
“El offshore es un desarrollo convencional. La diferencia es que con el no convencional no hay que esperar 80 o 150 millones de años para que el hidrocarburo se detenga en un reservorio, sino que voy a la roca y hago mi proyecto de desarrollo. Lo que tengo en el offshore es un proyecto masivo”, agregó.
Continuando en esta línea, Lamacchia aseveró que el proyecto de Mar del Plata se puede expandir a otras regiones del Mar Argentino. “Los campos offshore pueden generar 125 mil barriles por día. Por lo cual, se puede llegar a medio millón de barriles por día y se puede desarrollar toda la costa argentina donde se encuentren hidrocarburos”, destacó.
Entrevista a Diego Lamacchia.mp4
El cuidado ambiental
El ingeniero también se refirió a los cuidados ambientales que establece la actividad offshore. “Las decisiones se toman en función de los riesgos, para eso se calculan las probabilidades de esa catástrofe y es multiplicada por las consecuencias que da como resultado el riesgo. Cuando la probabilidad es muy baja, por más que las consecuencias sean altísimas, el riesgo es muy bajo. Lo que se hace es que se estudian todos esos hechos catastróficos para que no sucedan y para que la probabilidad sea muy baja”, destacó.
Además, Lamacchia reconoció que si se produce algún tipo de incidente es mucho más difícil de remediar que en un yacimiento convencional de campo. “Esto se debe porque se está trabajando arriba del agua, y a unos 2 mil metros de profundidad. Un hecho catastrófico sería muy diferente de controlar. Por eso es parte de los estudios de ingeniería que se llaman estudios de los riesgos masivos o de las catástrofes masivas para que la probabilidad de esos eventos sea muy baja”, afirmó.
Los estudios de probabilidad permiten analizar diferentes etapas del proyecto como la exploración, perforación y en la producción. “Ya durante la producción estamos hablando de derrames, que son ínfimos y que están completamente controlados. Hay que destacar que no se han producido derrames catastróficos. Lo que sí se han producido son inconvenientes cuando uno está en la etapa de perforación. De esos casos, hay 4 o 5 en el mundo. El último que conocemos es en Macondo en el Golfo de México”, analizó.