A diferencia del GNL, donde primó la opinión de la Secretaría de Energía, con quienes las empresas tienen una visión más parecida, la última palabra en materia de hidrógeno la tuvo la Secretaría de Asuntos Estratégicos, a cargo de Mercedes Marcó del Pont.
“Tenías dos equipos con dos visiones completamente distintas. El equipo de Royon es mucho más sólido. El de Marcó del Pont tiene una mirada de que esto es un gran negocio y que el Estado se tiene que apropiar de una parte, cuando no sabemos si va a ser un gran negocio porque hay que poner un montón de plata y hay mucha incertidumbre por delante. Nos decían: ‘ustedes son unos vendepatrias’”, indican fuentes que participaron de las negociaciones.
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“Al día siguiente que presentaron el proyecto, hablamos con alguien del equipo de Royon en un evento en el extranjero y nos reconoció que le dieron prioridad al GNL por la ventana de tiempo y que el hidrógeno terminó fuera de su radio de decisiones. Es una lástima, si hubiésemos sacado un proyecto de ley razonable cuando estaba (Matías) Kulfas hoy tendríamos varios proyectos en desarrollo”, agregan.
Allegados a Fortescue revelan que la firma tenía como primera prioridad a la Argentina y a Brasil en segundo lugar, cosa que se invirtió frente al nulo avance del marco normativo local.
“Todo el management de Fortescue es argentino. Ellos quieren que el proyecto se haga en Argentina porque quieren al país y también porque sino van a tener que mudar sus oficinas de Barrio Parque a Brasil y no quieren. Pero la verdad es que el país no ayuda en nada. Es triste porque perdimos dos años en los que podríamos haber picado en punta”, dicen y remarcan los casos de Pampa y CGC en la misma línea, donde están desarrollando inversiones millonarias en hidrógeno fuera de la Argentina.