En ese sentido, Gutiérrez recalcó: "Trabajando juntos y a la par con el gobierno nacional, vamos a poder actualizar la PIAP, poniéndola al servicio del país y de la provincia, manteniendo las fuentes de trabajo y generando ingresos que se volcarán al sistema productivo”.
“Con el gobernador Omar Gutiérrez acordamos empezar a trabajar en conjunto en la reactivación de la PIAP. En dicha planta, que tiene dos líneas de producción, se aplicaría una de ellas a la producción de 80 toneladas por año de agua pesada, mientras que la segunda línea se orientaría a la producción de Urea, proyecto en el cual se trabaja en la elaboración de un plan de negocios y participa también Y-TEC”, manifestó Serquis.
La instalación es propiedad de CNEA y está operada por la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), una sociedad conformada entre la CNEA y la provincia del Neuquén, que tiene la mayoría accionaria. Fue inaugurada en 1993 y su capacidad de producción es de 200 toneladas de agua pesada por año, lo que en su momento la convirtió en la más grandes del mundo.
El agua pesada es uno de los insumos principales en las centrales nucleares que utilizan como combustible el uranio natural. En la actualidad el principal objetivo para la puesta en marcha de la PIAP es la producción de las 485 tn que se necesitan para garantizar la provisión de las tres centrales en operación –Atucha I, Atucha II y Embalse- hasta el fin de su vida útil.
Transcurridos los casi siete años que demandará el primer objetivo se estima que Nucleoeléctrica Argentina SA tendrá la posibilidad de contar con el agua pesada que se necesite si comienza con la construcción de la segunda central tipo CANDU prevista en su plan estratégico, lo que disparará la producción de 500 toneladas más. Por otra parte, en la actualidad se trabaja en un plan de negocios orientado a la provisión de clientes extranjeros que, tal como se ha dicho con anterioridad, utilizan el agua pesada como insumo para electrónica y usos médicos.
La importancia de la reactivación de esta planta radica en preservar la gran inversión que realizó el Estado nacional en 1993, al mismo tiempo que se mantienen fuentes de trabajo y crean nuevas, se garantiza la provisión de las centrales nucleares y se generan divisas como producto de la exportación.