La evolución del empleo en las últimas dos décadas también refleja una tendencia clara: mientras que la ocupación en la extracción de gas y petróleo creció un 118%, el resto del sector energético lo hizo un 70%, y el promedio económico nacional apenas un 60%, según indica un informe difundido por la CEPH, la cámara que nuclea a las empresas productoras de hidrocarburos.
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Quince empleos indirectos por cada petrolero
Este impacto no se limita al empleo directo. Por cada trabajador en el sector hidrocarburífero, se generan alrededor de 15 puestos adicionales en actividades conexas, desde servicios logísticos hasta mantenimiento y provisión de insumos. Este efecto multiplicador se potencia con el aumento de la productividad, impulsado por la innovación tecnológica y la expansión de las tareas de exploración y producción.
La demanda de empleo varía según la cuenca productiva y el tipo de explotación. Por ejemplo, para producir un millón de barriles equivalentes de petróleo (BOE), la provincia de Neuquén —epicentro del desarrollo no convencional— requiere 77 trabajadores. En contraste, provincias enfocadas en la producción convencional como Santa Cruz y Chubut necesitan 178 y 189 trabajadores, respectivamente, para obtener la misma cantidad de energía.
En las provincias petroleras, el sector genera alrededor del 30% del empleo privado formal. Además, los salarios del rubro se destacan por su alto nivel: en los últimos años fueron un 286% superiores al promedio de los sueldos registrados en el resto del empleo formal no estatal del país.