Tan bueno como malo: diez años pasan muy rápido.
Prueba de lo bueno es que hace 10 años se hacían los primeros pozos en el shale, en medio de los interrogantes que ya están despejados: sí, era viable hacer lo que Canadá y Estados Unidos ya hacían. Desde entonces, los bloques neuquinos se posicionaron en el panorama mundial de los hidrocarburos.
Casi no hay grandes empresas que no hayan invertido en Vaca Muerta. Es un lugar común en la industria: el desempeño de un pozo de gas o petróleo en los no convencionales de Argentina iguala o supera al de las principales formaciones geológicas del segmento en el mundo. Miles de trabajadores se adecuaron al desafío de los nuevos tiempos. Le sumaron a la tecnología de punta cierta pericia acumulada en los 100 años anteriores dentro de la industria petrolera en Argentina, un plus que no muchos países del mundo podrían ostentar.
Lo malo dentro de los diez años es que en un lapso equivalente al que quedaría para desarrollar el petróleo de Vaca Muerta pasaron gobiernos de dos frentes antagónicos hasta el paroxismo. Ambos, en los discursos, reconocieron la oportunidad histórica del país. Los dos se subieron a la plataforma de los no convencionales, aunque con diferentes tipos de apuestas, logros y hasta perjuicios. Calibrar eso excede el propósito de esta nota, si bien vale decir que hubo matices trascendentes con impacto en la actual situación. Por lo pronto, para ambos, Vaca Muerta fue y es un terreno de oportunidades como pocas de las que ofrece el país. También, para ambos el dilema macroeconómico y las restricciones externas funcionaron como un obstáculo para el desarrollo.
En los próximos diez años, el shale oil de Vaca Muerta puede transitar el camino de sus últimas oportunidades para el despegue. Mucho antes, ese desarrollo posible debería estar en marcha, si es que el país en rigor lo quiere. Las grandes petroleras del mundo tachan días en el calendario de la transición hacia las energías renovables, también una línea de llegada, o más bien de finalización.
Los desarrollos de gas recorren ese camino con algo más de aliento. Para el shale, para el país, entrañan la mayor dificultad. La expansión de mercados para los colosales recursos de gas de Vaca Muerta imponen la necesidad de grandes obras y de infraestructura hoy lejos del radar para el país, si lo que se busca es pelear en el encarnizado concierto mundial donde también la geopolítica levanta o baja pulgares. Pero esa segunda pelea no tiene chances si antes, en los diez años por delante, Argentina, por fuera de los colores políticos de turno, no logra sellar dos o tres acuerdos. Sin eso, lo demás será la crónica del tiempo perdido y la ventana cerrada.