Lo que siguió fue esa historia de terror con miles de trabajadores paralizados en sus viviendas, la profundización de la crisis preexistente en el reino de las pymes del shale y el freno estrepitoso de la producción petrolera que se sumaba a al del declino de los pozos y las inversiones en el gas.
Un año después, ayer, las petroleras con bloques en la provincia se cargan la medalla de un nuevo récord de producción, el de febrero, con 178 mil barriles diarios, la mejor marca en 15 años.
La pandemia sigue, y las nuevas cepas muestran sus colmillos de un modo amenazante, inscribiendo también su propio récord de contagios (o test realizados que dieron positivo).
Un encierro de magnitud como el del 2020 parece insostenible. Quién sabe. El dilema de la falta de vacunas sigue imponiendo una duda respecto de qué tipo de producción caracterizará el 2021, al menos en el segmento del crudo, si bien el mix de miedo y desconocimiento imperante durante el inicio de la pandemia fue uno de los factores que hizo aceptar las condiciones de confinamiento de una porción muy importante de la población, algo que, por lo que se sabe, es la opción más clara para contener la expansión del COVID-19 (Inglaterra y Francia, países con mucha más gente vacunada, deciden profundizar sus confinamientos por estas horas, incluso por encima de las medidas que se promueven en Argentina, todavía con un escaso margen de vacunación.)
Por fuera de la producción de crudo -el consumo de combustibles-, el modo más directo de impactar en el sector petrolero que demostró el coronavirus en el país, el contrapeso estará dado por el repunte de la actividad del Plan Gas.Ar.
Las empresas suscribieron contratos por los próximos cuatro años en los que deberán atacar el declino de la producción argentina. La idea es conseguir una mayor producción interna para evitar el giro de divisas al exterior en importaciones, algo que al menos en el 2020 demandará unos u$s 1000 millones en el GNL.
A un año del inicio del peor parate de la industria petrolera de Vaca Muerta, queda mucho terreno para el crecimiento y para garantizar las condiciones que permitan hacer sostenible el desarrollo a gran escala de los fabulosos recursos de la formación que cruza buena parte de Neuquén.
El segundo año de la pandemia comenzó con otro récord, y si esa demanda tiene altibajos, los pozos del gas no convencional que el país necesitará pueden sostener un cierto nivel de actividad en buena parte del año. Lo que no debería perderse de vista, como una suerte de lección u objetivo, es que en rigor Neuquén esperaba producir hoy 230 mil barriles y estar exportando.