Brasil y Argentina suscribieron una extensión hasta 2025 del Memorándum de Intercambio de Energía, que tendrá como principal innovación la implementación de un sistema bilateral de pagos en monedas locales, y que buscará profundizar la integración energética y desarrollar nueva infraestructura.
El acuerdo, que fija las modalidades de intercambio en materia de electricidad, le permitirá a la Argentina abastecerse en época invernal desde Brasil y reducir las necesidades de importación de combustibles líquidos para generación, una cuestión clave para empezar a frenar la sangría de reservas, que jaquea al Banco Central.
La idea es firmar contratos en firme de mediano plazo, tanto en materia de importación como de exportación.
Pero el objetivo más ambicioso son las negociaciones que están en marcha para concretar el financiamiento brasileño de las próximas etapas del gasoducto Presidente Néstor Kirchner, a través del banco BNDS.
Integrar ambos países a través de un gasoducto cuyo nacimiento ya está en marcha en Neuquén, con la primera etapa de la obra hasta la localidad bonaerense de Salliqueló, significaría un paso histórico para la región y un logro gigantesco para que Vaca Muerta luego vaya por la etapa más ambiciosa: convertirse en un polo exportador de gas a través de una planta licuefactora en la costa atlántica, que transforme al país en un jugador mundial del mercado del GNL.
Ambos proyectos están en etapa de análisis de diversos actores estatales y privados. El mundo, convulsionado por la guerra entre Ucrania y Rusia, abre una oportunidad única, aunque con tiempo de descuento. Los actores locales comienzan a alinearse. Sin importar quién gane las elecciones en 2023, al igual que hoy sucede con Brasil -donde tanto la administración de Bolsonaro como su sucesor Lula apuntan hacia Argentina en materia energética-, Vaca Muerta tiene la capacidad de trascender cualquier grieta política en un mundo inestable.