Estos sitios, ricos en minerales asociados como cromo y cobalto, están atrayendo la atención de inversores internacionales. Sin embargo, la explotación de níquel en el país aún está en etapas iniciales, con proyectos exploratorios liderados por empresas locales y extranjeras que buscan capitalizar la creciente demanda global.
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Los mercados de materias primas siempre han sido susceptibles a la volatilidad cíclica.
Una ventana de oportunidad
Actualmente, la mayor parte del níquel se destina a la fabricación de acero inoxidable. Sin embargo, el gran cambio viene por el lado de las baterías eléctricas, cuya demanda crece sin freno. También es vital en turbinas eólicas, centrales geotérmicas (generan electricidad con el calor terrestre) y producción de hidrógeno.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) calcula que el consumo global de níquel pasará de más de 3 millones de toneladas en 2023 a más de 6 millones en 2050.
Asimismo, con la demanda proyectada para aumentar un 40% hacia 2030 -impulsada por el auge de los VE, nuestro país tiene una ventana de oportunidad para diversificar su matriz exportadora, tradicionalmente centrada en litio y cobre.
A pesar del potencial, la minería de níquel enfrenta retos significativos. La extracción de este mineral es intensiva en energía y puede generar impactos ambientales, como la contaminación de suelos y agua, si no se gestiona adecuadamente.
Además, la falta de infraestructura y la necesidad de tecnología avanzada para procesar níquel de alta pureza son barreras que requieren inversión estatal y privada.