Esta semana, en declaraciones a la prensa, Ben van Beurden, presidente de Royal Dutch Shell, la principal minorista mundial de combustible, declaró que, al igual que las empresas de petróleo y gas, "se nos dijo que no éramos bienvenidos" en la COP26.
Hasta el momento, las grandes petroleras europeas lograron fijar objetivos de reducción de emisiones mucho más ambiciosos que los de sus rivales estadounidenses, aunque también debieron enfrentar diversas acusaciones de que, durante décadas, ocultaron el rol de sus productos en el calentamiento de la Tierra.
Por mucho tiempo han apoyado mecanismos de precios del carbono como una manera amigable con las empresas para desarrollar una transición a una economía de energías más limpias, pero un acuerdo sobre el rol de estos ha sido un importante obstáculo en las conversaciones sobre clima.
"Este mercado de créditos de carbono está actualmente desorganizado, no regulado y es, por tanto, peligroso", dijo el jefe de TotalEnergies, Patrick Pouyanne.
"Nuestras posiciones son bien conocidas, estamos a favor de la fijación de precios del carbono", agregó.
En tanto, Van Beurden expresó: "Supongamos que Shell cambia los productos que vende de la noche a la mañana. En lugar de gasolina y diésel, los conductores en nuestras estaciones de servicio solo podrán obtener hidrógeno o recargar sus auto eléctricos. Eso no haría que la gente compre un automóvil de hidrógeno o una batería eléctrica. Simplemente seguirían por la carretera y llenarían su estanque en uno de nuestros competidores".
"Por lo tanto, los gobiernos tendrán que desempeñar un papel esencial para ayudar a dar forma a la demanda, utilizando mandatos donde sea necesario, creando el clima adecuado para la inversión y ayudando a orientar a la sociedad hacia energías renovables y con bajas emisiones de carbono", añadió.