Alberto Fernández logró quedarse con la presidencia de la Nación en primera vuelta. Si bien en su discurso de asunción priorizó la lucha contra el hambre y la reactivación económica, sin mencionar a Vaca Muerta, puso en marcha una nueva YPF. Guillermo Nielsen fue designado y puesto en funciones a cargo de la empresa el 13 de diciembre, mucho antes de abril, cuando vencía formalmente el cargo de Miguel Gutiérrez. La necesidad de un nuevo plan para la compañía era urgente.
Las dos señales que recibió Neuquén en estos casi veinte días de gestión del albertismo fueron la baja al 8% de las retenciones a la exportación de petróleo y el avance de un proyecto de ley para “desriskear” a Vaca Muerta -garantizarle a los inversores que funciona independiente de los avatares de la macro-, que sería monitoreado por el propio Nielsen.
A este último punto se le incorpora el anuncio del diputado nacional Darío Martínez sobre la posibilidad de una ley para el shale, un instrumento en paralelo a la Ley Nacional de Hidrocarburos. En la Casa Rosada quieren empezar a trabajarla.
La palabra que resuena en estos últimos días del 2019 para Vaca Muerta es “expectativa”.