Según Gazprom, en 2019 se habían completado mas de 300 pozos de gas operativos en el campo Chayandinskoye en Yakutia, y los 3000 kilómetros de gasoductos desde Yakutia hasta la frontera entre Rusia y China, conectados a la red china y comenzaron las entregas según lo programado a fines de 2019.
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Una relación cada vez más fuerte
Además de proporcionar gas, el país de Vladimir Putin ya tiene historia con su crudo en el mercado del régimen de Xi Jinping. El primer cargamento de petróleo desde el Ártico entre ambos países fue una operación entre Gazprom y ChemChina, según informó Reuters en julio.
Lo que se llevó fue un crudo tipo Novy Port, muy extendido en las refinerías europeas pero que no se había exportado a Asia anteriormente debido a la alta demanda de Occidente.
En 2014, ambos mandatarios realizaron una videoconferencia para anunciar el “acuerdo del siglo”. “Este es realmente un evento histórico, no solo para el mercado energético global sino sobre todo para nosotros, Rusia y China”, declaró el presidente Putin desde la ciudad de Sochi. Por su parte, Xi dijo que “el lanzamiento del gasoducto es un resultado transitorio importante y el comienzo de una nueva etapa” de la cooperación entre ambos países.
“La integración de los proyectos de la Unión Económica Euroasiática y la Ruta de la Seda significa alcanzar un nuevo nivel de asociación y en realidad implica un espacio económico común en el continente”, dijo Putin un año después, en una visita de su par chino a Moscú.
En ese mismo marco, Xi Jinping anunció varias inversiones en infraestructura en Rusia.
Esta relación bilateral va a cambiar profundamente el mercado de la llamada Eurasia y va a sacudir en el mediano plazo al sector del GNL, puesto que China es un gran consumidor. Otros vecinos como Japón, Corea del Sur e India están en el top de compradores de Gas Natural Licuado, un mercado que tendrá que reacomodarse tras la pandemia, pero aún es pujante. Es ahí donde quiere entrar Vaca Muerta.
La relación entre Rusia y China es cada vez más fuerte y duradera, pese a los pronósticos que tenían analistas internacionales hace cinco años.
Además de inversiones e influencia política (ver aparte), Rusia y China propician la “desdolarización”. El dólar en las operaciones entre ambos países se redujo a la mitad en el primer trimestre de 2020.
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Antes rivales, ahora aliados estratégicos
El Fondo de Inversión Directa de Rusia detalla que las partes están considerando 73 proyectos de inversión por un valor total de más de u$s 100.000 millones. Estas inversiones están supervisadas por un grupo de 150 asesores chinos y rusos, muchos pertenecen a empresas líderes.
El presidente ruso Vladimir Putin y el primer ministro chino Xi Jinping han estrechado su relación debido a la consolidación de un “bloque occidental”. Putin mantiene un fuerte liderazgo en “oriente” y por eso quiere mantener buenas relaciones con China.
Además de favorecer grandes negocios para consolidar las economías de ambos países, también buscan “inquietar” al presidente estadounidense Donald Trump, quien se aferra a sus socios tradicionales de Europa como el Reino Unido y Francia.
Más de treinta encuentros han tenido los dos mandatarios y diversos acuerdos comerciales. Putin garantiza el envío de petróleo, y ahora de gas natural, mientras que China invierte en infraestructura. El turismo era otro de los motores de ambas economías, hasta el impacto de la pandemia por el nuevo coronavirus.