La medida encendió las alarmas. Si bien se logró reubicar a los trabajadores, la compañía se llevó cuatro camiones cero kilómetro hacia Vaca Muerta.
El segundo caso tuvo como protagonista a Calfrac. La empresa es quien realiza la mayor cantidad de etapas de fractura en el segmento convencional y quería mudar sus equipos de cementación hacia Neuquén. Nuevamente, los telegramas de despidos estaban arriba de la mesa de discusiones. Mientras se negociaba con Calfrac, Superior planteó tenía un porcentaje de trabajadores ociosos por lo que avanzó con medidas para reducir su personal.
Tal como viene informando +e, ambas negociaciones fueron saldadas positivamente por el Sindicato de Petroleros Privados de Chubut. Sin embargo, la desconfianza comenzaba a rondar en la región.
“Nosotros no veíamos con malos ojos que se instalen en Vaca Muerta porque eso significaba que las empresas puedan seguir creciendo y generando puestos de trabajo, pero nos empezamos a preocupar cuando comenzaron a descuidar la cuenca. Se olvidaron que esta región les generó riquezas”, cuestionó Jorge Ávila, secretario general de gremio de petroleros convenciones de Chubut.
Los dirigentes gremiales comenzaron a diagramar una mesa petrolera para defender la cuenca. Parecía que se había logrado una pequeña calma hasta el 25 de enero, pero todo se volvió a alborotar cuando San Antonio Internacional (SAI) intentó llevarse dos bombas, que se utilizan en los sets de fractura, hacia Neuquén. El gremio que conduce Ávila denunció que la empresa actuó “entre gallos y medianoches” y bloqueó la base hasta que se garantice que la continuidad laboral de los operarios.
Las autoridades trabajarán en incentivos para que la actividad no siga bajando y se pongan en peligro los puestos de trabajo. Es que como señaló Ávila: “no podemos pelear contra la voracidad de Vaca Muerta”. En la región ya se preparan para negociaciones duras