Hoy el gobierno nacional parece dar una señal dentro del rango de las que podría dar. Las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) son esa suerte de termómetro que marca el nivel de vida del argentino medio.
El precio del dólar y su escasez en el mercado agregan un rango de incertidumbre determinante para calibrar los niveles de crecimiento de inversiones y el combate a la pobreza en Argentina.
El Ministerio de Economía que conduce Martín Guzmán surfea la ola brava de la macro, negocia con el FMI un posible acuerdo, una hoja de ruta con un puñado de certezas para cualquiera que busque invertir en el país. Todo esto, en medio de una pandemia que impone en el mundo un abismo coronado por signos de interrogación: ¿cómo evolucionará la pandemia del COVID-19?
En medio, Economía busca ganar todo el tiempo que se pueda. El plan para garantizar el acceso a dólares provenientes de exportaciones con tope del 25% de los montos invertidos para empresas que traigan más de u$s 100 millones en una inversión determinada, no provocará un cambio de paradigma.
Pero acaso se ajuste a la crudísima realidad económica y a la del camino que Argentina podría empezar a transitar rumbo a ese momento en el que la demanda interna y las chances exportadoras permitan pensar en un salto de escala.
Porque, como ya se planteó en otras oportunidades en esta columna, la llegada de más perforadores que apuntalen la expansión de los recursos no convencionales requiere de mercados y no solo de las buenas condiciones económicas, políticas y de valor del crudo y el gas.
El combo de resolución mundial del COVID-19 (y su efecto local) y las decisiones que tome la OPEP+ (con sus millones de barriles frenados por la pandemia) plantearán una cuota de realismo sobre el reino de lo que será posible.
Está claro: si Vaca Muerta pudo exportar durante la pandemia hasta el 40% de su producción en un momento dado, fuera del contexto signado por la pandemia seguirá habiendo oportunidades. Lo creen algunas de las principales productoras con bloques en el shale oil neuquino.
Lo central es cómo el gobierno nacional “hace los deberes” para generar esas condiciones propicias.
Es en definitiva un equilibrio: la balanza energética y el posible freno a la salida de dólares con menos importaciones de gas, y cómo se puede apuntalar un proceso exportador de un modo veloz y sostenible.